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Autor : Vladia Rubio
Publicado : 13/02/2014

«EN PIE DE GUERRA ¡MUERTE AL INVASOR!». El titular, con grandes caracteres, podía leerse en la página 68 de la edición del 26 de octubre de aquel año, indicando que como parte de Cuba toda, la revista estaba también en alarma de combate.

 

Bajo el epígrafe de Un reportaje de la sección «En Cuba», el texto narraba cómo «la política imperialista de los Estados Unidos descendía a la más profunda sima del desprestigio; la heroica dignidad de Cuba se empinaba más allá de sus fronteras, como un ejemplo para los países aun no redimidos. Así se perfilaba el momento histórico en la semana anterior».

 

En ese número se añadía que, cuando ya estaba en prensa la sección «En Cuba», al anochecer del lunes 22, «descendió sobre un mundo estupefacto el discurso del presidente de los Estados Unidos, anunciando medidas inmediatas que iban más allá de la política “al borde de la guerra”, tan peligrosamente grata a Foster Dulles. El acontecimiento modificó sustancialmente el panorama de la semana, tal como se perfilaba hasta esos momentos. Lo que era tensa actualidad antes del discurso, se convirtió, en cuestión de minutos, en material desvaído e incoloro».

 

Las páginas del entonces semanario hicieron espacio a un recuento de los hechos que precedieron la proclama desafiante de la Casa Blanca, especialmente en lo referido al tortuoso itinerario del bloqueo marítimo. «Tal vez las pobres perspectivas de la maniobra contribuyeron a precipitar la insensata apelación a la fuerza. Ahí quedaban, elementos para la historia, los episodios que preludiaron el estallido histérico del 22 de octubre» -consignó la publicación.

 

«A diferencia del espectacular capítulo de Playa Girón, la batalla, en esta nueva fase, se desenvolvía a ritmo más callado y lento, ventilado a través de discretos canales diplomáticos, entre forcejeos, instigas y presiones que escapaban al conocimiento público; al gangsterismo abierto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono sucedían otras fórmulas más sutiles. En definitiva se trataba de los mismos malhechores transitando por vías más cautelosas».

 

Luego de un amplio recuento cronológico de lo acontecido el martes 16 en Londres, en torno a la sesión de la Cámara Internacional de Navegación, convocada por el Instituto Norteamericano de Marina Mercante y la Asociación Marítima Norteamericana del Pacífico, con el objeto de discutir sobre «una retirada voluntaria de los barcos que participaban en el comercio con Cuba», y de reflejar el unánime repudio que ello promovió en los navieros, la revista abunda en los manejos diplomáticos que marcaron aquellos días.

 

«Las noticias -resume- afloraban desordenadamente en una sucia mezcolanza de gestiones de gobierno y actividades delincuenciales […]. Los variados episodios del bloqueo se ventilaban en múltiples escenarios: diplomático, judicial, sindical, parlamentario, político, gangsteril […]».

 

Ante los «actuales acontecimientos, de notoria gravedad para la paz de Cuba y aun la del mundo», los primeros pliegos de la edición fueron ocupados, junto a otros textos, por un pormenorizado recuento de cómo importantes periódicos de diversas naciones veían el fenómeno.

 

El Izvestia, soviético, por ejemplo, editorializó que «el Departamento de Estado cuenta con la posibilidad de formar este bloque militar bajo la divisa de la “defensa de la amenaza comunista de Cuba”, y en realidad (es) para organizar una intervención de los Estados Unidos, enmascarada con la participación de los gobiernos de algunos países centroamericanos».

 

Con respecto a la prensa británica, «usualmente sobria en los calificativos», indicaba el texto, «le correspondió traducir certeramente el miserable contenido de los jaleos bloquistas».

 

«Cuanto más conocemos sobre los intentos de los Estados Unidos de asfixiar a Cuba, tanto más repugnante se representa este asunto sucio», fue una afirmación del semanario Tribune, de Londres.

 

Los pretextos de Kennedy


En la propia edición del 26 de octubre, Bohemia resumió bajo el título «Del discurso de Kennedy», los argumentos empleados por el presidente norteamericano para tratar de justificar la aventura anticubana: «En Cuba existen bases de proyectiles ofensivos con capacidad para un ataque nuclear contra el hemisferio; peligran el Canal de Panamá, Washington, Cabo Cañaveral, Ciudad de México y otras ciudades del sector sureste de los Estados Unidos, Centro América y zonas del Caribe; bombarderos a chorro, capaces de transportar armas nucleares, están siendo desembarcados y armados en Cuba».

 

John Fitzgerald Kennedy también argüía que «Cuba constituye una amenaza a la paz y seguridad de América, en flagrante y deliberado reto al Pacto de Río de Janeiro, la Resolución Conjunta del Congreso, la Carta de las Naciones Unidas y las propias advertencias públicas del presidente norteamericano a la Unión Soviética, formuladas los días 4 y 13 de septiembre».

 

Pero también en la revista quedaba subrayado el punto de vista de la Isla caribeña: «Washington, en violento desafío a la Carta de las Naciones Unidas y a la más elemental honestidad internacional, emprendía una aventura pirática bajo el dosel de una propaganda que todos sabían mentirosa y rastrera. Arrostraba con ello la reprobación universal y ponía en peligro la seguridad de su propio pueblo, pero nada de eso conmovía la dura entraña de los plutócratas yanquis […]».

 

En la misma edición, que había cerrado en la noche del 24, quedaron resumidos los seis puntos de la agresión: se decretaba una cuarentena estricta contra todo equipo militar de ofensiva embarcado con destino a Cuba. Todos los buques de cualquier clase destinados a la isla, procedentes de cualquier nación o puerto, serían obligados a regresar si se descubría que llevaban armamentos ofensivos. Esta cuarentena se extendería si hiciera falta, a otras clases de cargamentos y transportes.

 

A su vez, proseguiría y sería incrementada la estricta vigilancia a Cuba y su refuerzo militar, con órdenes a las fuerzas armadas de que se prepararan para cualquier eventualidad. Los Estados Unidos considerarían cualquier proyectil nuclear lanzado desde Cuba contra cualquier país del hemisferio occidental, como un ataque de la Unión Soviética contra los Estados Unidos, y merecería una plena respuesta de represalia contra la URSS.

 

Entre los puntos de la agresión quedaba incluido reforzar la base de Guantánamo, evacuar al personal no militar y poner en estado de alerta a las unidades militares adicionales.

 

No conformes los agresores, convocaron a una reunión de consulta de la Organización de Estados Americanos (OEA) para que estudiara la supuesta amenaza contra la seguridad del hemisferio a tenor de los artículos 6 y 8 del Tratado de Río de Janeiro; a la vez comunicaron de la situación a los aliados de los Estados Unidos en todo el mundo, y advirtieron que se solicitaría una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad para adoptar medidas contra la amenaza soviética a la paz en el mundo; además los Estados Unidos pedirían el pronto desmantelamiento y retirada de todos los armamentos de ofensiva que había en Cuba, bajo la supervisión de observadores para que la cuarentena pudiera ser levantada.

 

Todos somos uno en esta hora de peligro


Así aseveraba uno de los cintillos que encabezaron en la revista la reproducción de la histórica comparecencia del Comandante en Jefe Fidel Castro por la televisión y la radio nacionales, para orientar al pueblo sobre la situación creada por el bloqueo naval decretado por el Gobierno estadounidense, el martes 23 de octubre.

 

En esta alocución de Fidel se enfatizaba que »El que venga a inspeccionar en Cuba, tendrá que venir en zafarrancho de combate»; «vamos a ver quién resistirá más, la desvergüenza de ellos o la vergüenza nuestra»; «Sabremos resistir el bloqueo total», y «Nos tranquiliza saber que la agresión no quedará impune…».

 

El mismo martes 23 de octubre se había reunido el Órgano de Consulta de la OEA, a solicitud de su amo norteamericano, para debatir una resolución que amparara el bloqueo naval a la mayor de las Antillas, la cual fue finalmente aprobada. Dicha resolución exigía, además, el desmantelamiento inmediato y la retirada de las armas con capacidad ofensiva de Cuba y recomendaba que los Estados miembros, basándose en los artículos 6 y 8 del Tratado de Río de Janeiro, tomaran las medidas individuales y colectivas, incluido el uso de la fuerza armada, para evitar que «Cuba siguiera amenazando la paz y la seguridad del continente».

 

Fidel en su intervención ante la radio y la televisión, rebatió las imputaciones hechas por John Kennedy el día anterior y enfatizó, como siempre lo haría después, que Cuba no tenía obligación alguna de rendir cuentas al gobierno estadounidense, y que a aquel no lo respaldaba ningún derecho a decidir el tipo de armas que Cuba debía o no tener. Dejó claro que era el Gobierno de los Estados Unidos y no el de Cuba el que, con sus medidas unilaterales y agresivas, estaba arremetiendo contra las normas más elementales del derecho internacional.

 

La nación en pie de guerra


Impacta leer, cincuenta años después, en la página 69 de la publicación, bajo el subtítulo «Primer comunicado cubano La Nación en pie de guerra»: «A las cinco y cuarenta de la tarde de ayer –lunes 22- el Primer ministro, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, dio la orden de alarma de combate, que solo se establece en los casos de más crítico peligro, a todas las Fuerzas Armadas Revolucionarias».

 

Sin alharaca, con la seriedad y responsabilidad que demandaba el momento, la propia revista incluyó también en esa misma edición, bajo el título «El ciudadano en la defensa popular»la reproducción de un folleto emitido por la Jefatura Nacional de la Defensa Popular para dar a conocer a la ciudadanía qué hacer para su protección bajo condiciones de guerra.

 

De manera explicativa, sobria y extensa, abundaba el texto en cuáles eran los medios modernos de agresión y destrucción, los de defensa contra esas acciones, la conducta en caso de ataque aéreo, métodos de prevención y extinción de incendios aplicables por las brigadas de defensa popular, así como la prestación de asistencia médica a la población en caso de guerra.

 

La misma serenidad y entereza que reinaba en la población toda, podía también percibirse en los textos de la revista, donde igualmente quedó incluido un llamamiento de la CTC que exhortaba a los trabajadores movilizados por el Estado Mayor de las FAR, a incorporarse a sus respectivas unidades, en tanto «los no movilizados deben permanecer en sus puestos de trabajo dando el mayor esfuerzo y laborando cuantas horas sean necesarias para elevar la producción y los abastecimientos. Los puestos de los que hayan sido movilizados deber se ocupados por los que se queden trabando […]».

 

La edición del 2 de noviembre abría con el reportaje La Universidad en pie de guerra, que incluía un mensaje del entonces rector del centro de altos estudios en La Habana, doctor Juan Marinello, y también la posición de la FEU en voz de su presidente, José Rebellón. Un espacio destacado fue reservado para La voz del pueblocon testimonios de los más variados lugares de la Isla.

 

Publicado por la revista Bohemia, el 2 de octubre de 2012

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