Entrevista a Jesús Arboleya Cervera por su ensayo Cuba y los cubanoamericanos
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Autor : Marta G. Sojo
Publicado : 12/02/2014

El autor ha acumulado conoci­mientos amplios en el asunto, prime­ro por sus estudios académicos, incluido los de Doctor en Ciencias Históricas. Y en lo práctico, por desempeñarse como representante de Cuba en la ONU (1975-1979), específicamente en la Comisión de Asuntos Sociales, Humanitarios y Culturales y en el Comité de Orga­nizaciones No Gubernamentales. Después, de 1979 a 1981, fungió como cónsul en la Sección de Intereses de Cuba en Washington D.C.


No deja de ser una persona cam­pechana, que nos invita a dialogar en el jardín de su casa, donde pidió permiso a las aves que revoloteaban en los árboles para no estropear la grabación. Acumula un rico anecdotario en situaciones de interés de las dos ciudades donde trabajó como diplomático. Si aplicamos la máxima martiana de «viví en el monstruo y le conozco las entra­ñas», no hay dudas de que tanto su libro como este diálogo resultan enjundiosos. Pero enfilamos nuestra conversa­ción hacia el contenido de la obra premiada. Según nos comenta, el tema lo ha tratado en otros volúme­nes de su autoría y en diversos es­critos, pero no con la profundidad que se planteó ahora. «Este es un li­bro que me tomó más de cuatro años, donde investigo fuentes cubanas y norteamericanas. Por lo tanto, me obligó a introducir materias que no atañen propiamente al tópico de la emigración.


En realidad el valor testimo­nial, según mi interpretación, es el vínculo que he sostenido con esa temática a través de los años. Prácti­camente toda mi vida. Por un lado, están los lazos que hemos tenido to­dos los cubanos con el problema mi­gratorio, el cual nos afecta a toda escala: social, familiar, personal. Y después, profesionalmente, me rela­cioné más con el asunto, en el ins­tante en que fui nombrado cónsul de Cuba en Washington. A partir de ese momento, y luego como historiador, especializado en el estudio de la Re­volución Cubana y sus relaciones con Estados Unidos, el tema ha sido re­currente.

 

Entonces tu libro desmenuza todo ese intríngulis entre emigración y la confrontación con Estados Uni­dos hasta el momento actual, de cam­bios, en que se encuentra Cuba.


El ensayo valora el fenómeno que constituye la minoría latina en Esta­dos Unidos y cómo los cubanos inter­vienen en esa dinámica. Su impacto en sus relaciones con Cuba, los víncu­los históricos de ciertos grupos de cubanoamericanos con el Gobierno norteamericano, la política cubana hacia la emigración en diferentes momentos. Y obviamente analiza la reforma migratoria recientemente aprobada, y la impresión que ha cau­sado. El libro aborda todos esos con­flictos desde un punto de vista aca­démico, lo más objetivamente posible. Básicamente es la idea.

 

-¿Crees que afecta a la política migratoria de Estados Unidos el he­cho de que Cuba haya flexibilizado sus normativas para que sus ciuda­danos salgan al extranjero?


La política migratoria de los esta­dounidenses hacia nuestro territorio ha estado fundamentada en el mito de que los cubanos que salían eran refugiados políticos. Indudablemente, las transfor­maciones migratorias cubanas le dan una vuelta a todo. Tanto es así, que es la extrema derecha quien está promovien­do un cambio de la Ley de Ajuste Cubano, precisamente para demorar la integración de la emigración más re­ciente en la vida política del país, porque es un electorado que le va en contra.

 

 ¿Qué aprendizaje obtuviste de tu trato con la emigración cubana cuan­do eras cónsul en la capital estado­unidense?


La experiencia que alcancé es tan diversa como la de cualquier otro gru­po social. Nosotros nos relacionamos con esa comunidad, donde había de todo. Un ala a la que más bien debi­mos soportar, «los terroristas y los contrarrevolucionarios». Tener prácticamente que convivir con ellos. Por tanto, siempre fuimos objeto y objetivo de sus agresiones. En esa gama también encontramos personas que evolucionaron a posiciones de apoyo a la Revolución Cubana, que mantuvieron una actitud muy consecuente. Y una gran masa de gente que fueron siempre tan inmigrantes como cualquier otro inmigrante. Favorecidos obviamente por la política norteamericana, con leyes como la de Ajuste cubano, pero que igualmente pasaron por sus traumas, necesidades, sus ausencias. Por la desgarradura que significa desplazarse para cualquier persona. Esto es una experiencia muy enriquecedora, que me abrió la perspectiva de ver un problema desde un marco muy amplio y que además le incorporó a esta dinámica el elemento humano, tan importante. Es imposible no aproximarse a un fenómeno social sin tener en cuenta esos factores, los cuales influyen tanto en las personas y en la vida cotidiana de la gente.

 

Tomado de Revista Bohemia año 105, No. 7 Ciudad de La Habana, 2013.

Jesús Arboleya Cervera
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