A 30 años de la crisis migratoria del Mariel
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Autor : Elier Ramírez Cañedo
Publicado : 12/02/2014

Desde finales de 1979 hasta inicios de 1980, Estados Unidos continuó implementando su indiscriminada política de estimular las salidas ilegales de Cuba y recibir como héroes a los que cometían ese tipo de acciones, al tiempo que negaba cada vez más las visas a los cubanos que deseaban salir del país legalmente. Washington había recibido supuestamente con «beneplácito» los acuerdos rubricados entre el gobierno cubano y representativos de la comunidad cubana en Estados Unidos, como resultado del diálogo sostenido entre ambas partes en La Habana en noviembre y diciembre de 1978.

 

Por otro lado, la burocracia del gobierno de los Estados Unidos, a la hora de darles salida y entrada a su país a los presos contrarrevolucionarios liberados, se hacía sentir en toda su expresión. Washington se había comprometido a sacar legalmente del país y trasladar mensualmente hacia su territorio, a 400 de estos reclusos puestos en libertad, pero de enero a julio de 1979, su tope había sido solamente de 60 al mes. Además, el gobierno estadounidense había demostrado su reticencia para recibir en Estados Unidos a los ex reclusos que deseaban emigrar a ese país junto a sus familiares y cuyas listas el gobierno de Cuba había entregado a las autoridades de Washington.

 

En octubre de 1979, las cosas comenzaron a irse de lo normal en la Isla cuando algunos antisociales secuestraron un barco, el GH-41, y lo forzaron a ir a la Florida. Al llegar a su destino, las autoridades estadounidenses nada hicieron con los secuestradores, más allá de darle asentamiento en el país. Ninguno de ellos fue condenado o arrestado, y ni siquiera se investigó el hecho.[1]

 

Cuba pasó de inmediato, a través de su Oficina de Intereses en Washington, una nota de protesta al gobierno estadounidense insistiendo en que era necesario que el gobierno de Estados Unidos reafirmara su intención de hacer cumplir la ley respecto a los secuestros, pues de otra manera Cuba se vería precisada a reconsiderar el acuerdo de Piratería Aérea y Marítima firmado entre ambos países. La nota cubana no fue respondida por el gobierno estadounidense. Cuatro secuestros más se produjeron luego del ocurrido en octubre de 1979.

 

Ante esta situación de inminente peligro para la seguridad de Cuba y para la política migratoria legal y regulada, el gobierno de la Isla advirtió en varias oportunidades a Washington que tomara las medidas pertinentes y cambiara su política de estimular la emigración ilegal y de recibir a los secuestradores de embarcaciones como héroes, pues de lo contrario, el gobierno cubano se vería obligado a reeditar la experiencia de Camarioca.[2] Mas el gobierno de Washington siguió dilatando sus acciones y sin responder las advertencias cubanas.

 

La irracional política migratoria estadounidense hacia Cuba y la poca preocupación del gobierno estadounidense en torno a los hechos ocurridos, como se palpó en la no respuesta a las notas de advertencia de la Isla, espolearon a que, el 1ro. de abril de 1980, penetrara por la fuerza en la embajada del Perú en La Habana un grupo de elementos antisociales que habían secuestrado un ómnibus, ocasionando en la arremetida la muerte al custodio cubano Pedro Ortiz Cabrera. Ello condujo a una declaración del gobierno cubano el 4 de abril, en la cual se explicaba que, la actitud de ambas embajadas, al «acoger en sus sedes a tales violadores de la inmunidad diplomática en lugar de rechazar semejante práctica»,[3] era riesgosa para la propia seguridad de los funcionarios diplomáticos y estimulaba los actos de violencia contra otras sedes diplomáticas en Cuba. A su vez, de forma perentoria la declaración advirtió que ningún individuo que penetrara por la fuerza en una embajada extranjera, recibiría salvoconducto para salir del país. La declaración también hizo énfasis en que en ninguna ocasión los elementos que habían penetrado por la fuerza en las embajadas habían estado implicados en problemas políticos, por lo que no tenían necesidad de asilo diplomático.

 

El 19 de abril de 1980 el pueblo de ciudad de La Habana desfiló ante la embajada del Perú para mostrar su apoyo a la Revolución y pulverizar la campaña de improperios difundida por los medios masivos del enemigo a 90 millas y sus aliados, que trataba de mostrar que Cuba estaba llena de perseguidos políticos, disidentes e inconformes con el sistema y el gobierno de la Isla.

 

En relación con la maniobra de crear campamentos de refugiados en Costa Rica, surgió una solución espontánea por iniciativa de la comunidad cubana en los Estados Unidos y que contó con la anuencia del gobierno Cubano: empezaron a llegar pequeñas, medianas y hasta grandes embarcaciones al puerto del Mariel a recoger a las personas que deseaban emigrar a los Estados Unidos.

 

Entonces, en una editorial del periódico Granma el 21 de abril de 1980, se hizo pública la decisión del gobierno cubano de que las embarcaciones que desde los Estados Unidos llegaran a la Isla a recoger a los que deseaban emigrar hacia ese país, no serían detenidas. De este modo, el puerto del Mariel quedó libre a la emigración. Inmediatamente el Departamento de Estado de los Estados Unidos realizó virulentas declaraciones contra esos viajes y amenazó con arrestar, confiscar e imponer multas a embarcaciones y patrones que participaran en la flotilla.

 

La apertura del Mariel colocó a Washington en una situación sumamente difícil, pues era obvio que la población norteamericana en general no tenía grandes simpatías o deseos de acoger este nuevo influjo de inmigrantes en un momento difícil de su economía.

 

 

Tomado de la revista Caliban

[1] Memorándum de Robert Pastor a Brzezinski, 4 de mayo de 1979. The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981,  [documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI], [Traducción del ESTI].

[2] Memorándum de Brzezinski a Carter. The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, [documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI], [Traducción del ESTI].

[3] Wayne Smith: The Closest of Enemies, W.W. Norton &Company, New York, 1988, pp. 200-201.

Crisis Migratoria del Mariel 1980
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