Escenario digital: E.U.A. vs Cuba
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Autor : Jessica Domínguez Fúster
Publicado : 28/08/2015

¿Para usted, en qué se basan las políticas de comunicación estratégica  del gobierno estadounidense con Cuba, en el ámbito digital?


El objetivo estratégico es el cambio de régimen en Cuba, fundamento explícito que mueve la política norteamericana desde la instauración de la Revolución en 1959. Debido a la plasticidad del sistema político norteamericano y del capitalismo en general, con una enorme capacidad para adaptarse a los cambios tácticos de la política y las emergencias socio-tecnológicas, Estados Unidos ha logrado maniobrar en lo contingente sin comprometer ni ceder un ápice en su rumbo estratégico.  En la misma medida en que la cultura digital se fue abriendo paso y comenzó a ser la subestructura fundamental de grupos estratégicos de la sociedad contemporánea –los jóvenes, los profesionales, los decisores políticos, etcétera-, han procurado no desvincular los conceptos estratégicos de los actos, y así han intervenido en el ámbito digital.

 

Hay que tener en cuenta dos hechos fundamentales para poder interpretar correctamente el escenario:

 

1) La cultura digital no es una estructura que se adiciona a la vida cotidiana, como si le echáramos una nueva vianda a un ajiaco. Es un continente que está modificando sustancialmente el contenido de lo que ya había en la olla, y nos ha metido de cabeza, nos guste o no, en una etapa transicional de la sociedad, que ahora tiene un pie en la capa tectónica del siglo XIX - un tipo de arquitectura sujeta a un Estado de derecho, de un poder institucionalizado, previsible, ordenado-, mientras el otro pie lo tenemos en la capa tectónica del siglo XXI, con un metabolismo flexible, multidimensional, inestable, emergente y activo: el ciberespacio.

 

2) El imperialismo globalizado, con EE.UU. de sheriff mundial, ha convertido la adaptación táctica al cambio en un principio estratégico. Revisa constantemente su funcionamiento para controlar mejor las fluctuaciones imprevistas de actores y contextos. Es evidente que su política de comunicación estratégica parte del reconocimiento de esta complejidad que ha emergido con la cultura digital, lo que le permite interactuar con éxito ante las organizaciones complejas dominantes. En otras palabras, frente a las organizaciones simples, con centralización piramidal de decisiones, el gobierno de EEUU ha logrado adaptarse a los tipos de organizaciones sociales complejas que combinan las redes con autonomías y con jerarquías.

 

Lo que quiero decir es que estratégicamente mantienen un principio que está soldado al sistema –acabar con la Revolución Cubana- y a corto plazo, se adaptan al escenario con gran habilidad y rapidez, lo cual es también una decisión estratégica.

 

¿Por qué cree que el gobierno estadounidense se apoya en estos nuevos escenarios para desestabilizar la Revolución Cubana?


Las evidencias empíricas están por todas partes. No creo que se pueda saber exactamente hoy cuáles son los fondos totales –la sumatoria de los públicos y los secretos- que destina el gobierno de los Estados Unidos para el escenario digital cubano. Las cifras nos caen a cuentagotas. Todos los días nos enteramos de una nueva partida millonaria de inversión directa e indirecta para la subversión en Cuba, destinada a intervenir en el escenario digital de nuestro país. Lo que sí sabemos es que se destina muchísimo dinero a fortalecer los estereotipos más negativos contra el gobierno de la Isla en el espacio comunicativo público, tanto en el interno cubano como el internacional, y se intenta inducir y movilizar desde el escenario digital al «cambio de régimen», a veces con proyectos que parecen sacados de una mala película de espías, como el ZunZuneo. Esta es –y nada indica que dejará de serlo- una prioridad para la administración norteamericana, que se hizo pública en el 2004 –véase el «Report of the Commission for Assistance to a Free Cuba», de George W. Bush.

 

La razón es que han evaluado que existen grandes posibilidades de intervenir en el espacio comunicativo público común del país, particularmente el digital, debido a las altas competencias que posee la sociedad cubana para interactuar en el ciberespacio. A esto se suma que casi la mitad de la mitad de la población del país está en la franja de los nativos digitales, cuyo imaginario está reforzado por los instrumentos centrales de la cultura digital, y también, la permeabilidad de sus redes internas, muy vulnerable a la influencia de la industria cultural norteamericana cuyos contenidos circulan de manera autorregulada y acrítica en el mercado local y en la red institucional –programación de la TV, cine, casas de cultura, etcétera.

 

¿Qué opina sobre las operaciones basadas en el uso de la conectividad efectiva?


Las operaciones de conectividad efectiva no solo utilizan la mensajería vía móvil. De hecho, el soporte técnico es aquí subsidiario. Lo que ellos tienen en el horizonte es un objetivo muy concreto, y así lo expresan: la promoción de los intereses norteamericanos y la movilización en torno a sus objetivos. Identifican que en el presente y el futuro ya son centrales los llamados Nuevos Medios Sociales, populares en las generaciones más jóvenes, aquellas que cada vez más deciden el escenario político del continente. El núcleo de esta estrategia, por tanto, es intervenir tempranamente para imponer el código norteamericano –tanto tecnológico como cultural- y hacerlo no de manera estandarizada, sino partir de una evaluación previa de cuál es la situación social y los recursos tecnológicos en que cada país para hacer más efectiva esta intervención. No es conectar por conectar; tampoco es invadir a la fuerza e imponer. Eso ya es imposible en la sociedad de medios masificados. Se trataría de lo que Ignacio Ramonet llamado intervenir a través del «dulce despotismo», para lo cual necesitan conocer nuestras sociedades mejor que nosotros mismos. De ahí el nombre: conectividad efectiva.

 

¿Qué cree usted sobre las operaciones basadas en el uso de la blogosfera?


Lo que hemos visto, sobre todo a partir de los movimientos sociales emergentes que han utilizado las plataformas tecnológicas en las grandes protestas políticas, es que tienen menos impacto que aquellas basadas en la tecnología móvil y las plataformas donde interactúan grandes comunidades virtuales, y se levantan sobre enormes bases de datos, susceptibles al control político. La blogosfera tuvo su boom en los inicios de la llamada web 2.0, como alternativa de información a las transnacionales mediáticas en momentos de una gran tensión noticiosa -la guerra de EE.UU. en Iraq, por ejemplo.

 

Frente al mensaje unidireccional de los medios masivos de comunicación, se masificaron los medios y se multiplicaron las voces. Relativizaron el mensaje institucional, particularmente en el ámbito político, y cambiaron las reglas del juego de la comunicación social. A mi juicio, su emergencia se subordina o es una prolongación de la estructura mediática tradicional. Los blogs marcaron el inicio de cambios estructurales más profundos, a partir de los cuales comenzaron los escalamientos de las tecnologías y dela organización social en torno a ellas. Hoy son una opción, entre muchas, en el zoco de los contenidos digitales, cuya relevancia no depende de su condición de blog, sino de las prácticas sociales en las que «insurge»esa blogosfera como tal. No dudo que ciertos blogueros tengan algún protagonismo en la conformación de una conciencia política, pero rara vez son el punto de partida de una insurgencia de relieve nacional, altamente emotivos y que a veces tienen un signo de derecha y otras, de izquierda. Al menos no en las proporciones que hemos visto desde Islandia, Egipto, Túnez, Nueva York (Occupy Wall Street), Washington (Tea Party) Madrid, México… hasta Venezuela.

 

Lo que quiero decir es que las sociedades se han movido como beduinos digitales a múltiples plataformas y a otras lógicas, donde los medios ya no son solo difusores de contenidos, sino protocolos entre aplicaciones, dispositivos, prácticas culturales y sociales, además de formas estructurales.  Hablar de «operaciones basadas en la blogosfera» es como reducir la harina al pan de la bodega.

 

¿En la estrategia norteamericana es efectivo el uso de blogs para el cambio de régimen en Cuba?


Decir que sí o que no, sería aceptar la visión instrumental, también muy arraigada en el pensamiento político norteamericano, que supone que las herramientas son una varita mágica para cambiar procesos sociales muy complejos en una u otra dirección. Una lógica similar puede llevar a la idea opuesta, y no menos instrumental, de que sin estas herramientas, evitamos que nos muevan en una dirección o en otra.

 

No es tan simple, entre otras cosas porque el uso de la blogosfera funciona en relación con el contexto nacional e interactúa con otras plataformas, prácticas políticas y tácticas de subversión, previstas o no estratégicamente por el gobierno norteamericano. Creo que han intentado utilizar la blogosfera en dos direcciones:

 

1)    en lo externo, como plataforma para difusión de un estereotipo sobre Cuba conveniente a los intereses de Washington, que pueda tener caja de resonancia en los medios tradicionales, fundamentalmente en el exterior. Los de mayor difusión y posibilidades de alcance han sido aquellos administrados desde la Isla, por individuos que clasifican perfectamente como destinatarios de los fondos previstos para el cambio de régimen en Cuba, y que han tenido un respaldo técnico  y financiero descomunal –es el caso del blog Generación Y. No les interesa articular o intervenir, o al menos no es su prioridad, en la política dentro de la Isla. No son una ventana abierta a la realidad de nuestro país, sino un espejo en el que aparece, con un rostro determinado y altamente publicitado, la más dura retórica norteamericana contrala Revolución cubana.

 

2)    Por otro lado, creo que comprenden perfectamente la paradoja en la que se encuentra el Sistema de Comunicación Social cubano, anclado en el paradigma de los Mass Media, con graves limitaciones en su funcionamiento y escasa capacidad de maniobra en el escenario de la convergencia mediática.  Si comparas nuestro escenario con lo que ocurrió en la URSS a fines de los ochenta –además de otras significativas diferencias en el ámbito social, mediático y político-, descubres que EE.UU.no solo estaba interesado, sino que intervino con sus agentes en los medios tradicionales soviéticos y maniobró con suma habilidad para reforzar el imaginario pro occidental. No interviene los medios tradicionales cubanos, porque no lo necesita. Los nativos digitales del país tienen fuertes relaciones de confianza con los nuevos medios sociales, como sus pares en cualquier otra sociedad de mayor penetración de Internet y aun cuando los nuestros usen mayoritariamente usen instrumentos accesorios como las memorias flash. Interpretan que mientras peor cumpla la prensa cubana sus funciones, mejor sirve a la estrategia norteamericana.

Fotografía de Rosa Miriam Elizalde, tomada de Internet.
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