Del bloqueo y su historia (III y final)
Google Bookmarks Facebook Twitter
Autor : Cubacusa
Publicado : 19/02/2014

El 16 de diciembre el presidente Dwight David Eisenhower dispuso la supresión total de la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano para los primeros tres meses de 1961. No deja de ser significativo el plazo anunciado. En esos momentos se hallaban muy adelantados los preparativos de la agresión militar directa que estaba siendo organizada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, cuyo lanzamiento estaba previsto para abril de 1961 y que, según los estrategas del Gobierno norteamericano, daría definitivamente al traste con el poder revolucionario en Cuba.

 

El 3 de enero de 1961, menos de tres semanas antes del término del mandato presidencial de Eisenhower, el Gobierno de Estados Unidos anunció la ruptura de sus relaciones diplomáticas y consulares con Cuba. El día 16 se informó en Washington que, en lo adelante, «los ciudadanos norteamericanos que deseen viajar a Cuba deben, hasta nuevo aviso, obtener pasaportes con autorización especial del Departamento de Estado para realizar este viaje». Fue la primera medida en la restricción unilateral de viajes a Cuba.

 

La nueva administración del presidente John Fitzgerald Kennedy asumió el poder ejecutivo el 20 de enero. El 2 de marzo el Gobierno norteamericano anunció estar considerando la aplicación en el caso de Cuba de la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, y el día 31 de ese mes, mediante proclama presidencial suscrita por Kennedy, quedó suprimida totalmente, de manera oficial, la cuota azucarera de Cuba en el mercado norteamericano para el año de 1961, ascendente a unos 3 millones de toneladas.

 

El 12 de abril, en la misma conferencia de prensa en la que el presidente Kennedy afirmó que no habría intervención armada alguna en Cuba mientras ya los buques que conducían a la expedición invasora navegaban por las aguas del Caribe en dirección a Cuba, el mandatario norteamericano declaró también lo siguiente: «No tenemos la intención de tomar acción alguna con respecto a las propiedades u otros intereses económicos que ciudadanos norteamericanos anteriormente mantenían en Cuba, más que las negociaciones formales y normales con una Cuba libre e independiente». Estaba claro para Kennedy que el derrocamiento de la Revolución sería cuestión, a lo sumo, de una semana, y que la junta de gobierno que sería instaurada por los norteamericanos, cuyos miembros a estas alturas estaban prácticamente presos por la CIA en un aislado lugar de la Florida, dictaría como una de sus primeras decisiones la devolución inmediata de las propiedades nacionalizadas por el Gobierno Revolucionario.

 

Durante los meses posteriores a la derrota de la invasión armada por Playa Girón, el gobierno de Estados Unidos concentró su atención en dos líneas principales de agresión contra nuestro país: el fomento de la subversión y las gestiones para lograr el aislamiento político de Cuba dentro del sistema interamericano, con vistas a crear las condiciones para una nueva agresión militar. Es la etapa en que se gesta e inicia la ejecución de la Operación Mangosta, conjunto de operaciones de guerra sucia sobre el que se volverá más adelante. En el orden económico, las bases de la guerra contra Cuba ya habían quedado sentadas con las medidas de embargo comercial y supresión de la cuota azucarera. El 11 de diciembre de 1961 el presidente Kennedy dispuso la suspensión absoluta de dicha cuota en el mercado norteamericano para la primera mitad de 1962.

 

Ya a estas alturas, las medidas del bloqueo contra nuestro país estaban inscritas en la Ley de Asistencia Extranjera de Estados Unidos de 1961, en su Sección 620 (a), en los términos siguientes: «No se le suministrará ninguna asistencia, de acuerdo con esta Ley, al actual Gobierno de Cuba. Como un medio para instrumentar y llevar a efecto la política expresada en la oración precedente, el Presidente queda autorizado a establecer y mantener un embargo total del comercio entre Estados Unidos y Cuba».

 

A finales de enero de 1962 comienza sus sesiones en la ciudad de Punta del Este, en Uruguay, la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos, que debía culminar la maniobra de aislamiento político de Cuba en el hemisferio. El día 25, en su enérgica y argumentada intervención en esa reunión, el jefe de la delegación cubana, el Presidente Osvaldo Dorticós, expresó: «Hubiéramos querido y queremos [...] aumentar en forma racionalizada nuestras relaciones comerciales con los Estados Unidos de Norteamérica. Pero fueron los Estados Unidos de Norteamérica quienes, por decisión unilateral, y como medida de agresión económica, limitaron y cercenaron nuestras relaciones comerciales, cancelando la compra de nuestros productos para sumirnos en la miseria y derrota de la Revolución».

 

Después de intensas presiones y negociaciones, la delegación norteamericana logró la aprobación en Punta del Este de un grupo de resoluciones en las que se fundamentarían decisiones posteriores que condujeron a la suspensión de Cuba de la OEA y la ruptura de relaciones diplomáticas bilaterales de la mayoría de los países latinoamericanos. Fue en esta coyuntura cuando, el 3 de febrero de 1962, el presidente Kennedy decretó el embargo total del comercio entre Estados Unidos y Cuba. Era la declaración oficial del bloqueo.

 

En el comunicado emitido al efecto por la Casa Blanca se subrayaba que el embargo privaría al Gobierno de Cuba de las divisas que venía obteniendo por la venta de sus productos en Estados Unidos, y se afirmaba, con la proverbial hipocresía de las declaraciones oficiales norteamericanas relacionadas con Cuba, que, «fundándose en razones humanitarias quedarán exceptuadas de este embargo las exportaciones de ciertos alimentos, medicinas y otros abastecimientos médicos de los Estados Unidos a Cuba».

 

El 24 de marzo el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunciaba la prohibición de la entrada en territorio norteamericano de cualquier producto elaborado, en todo o en parte, con productos de origen cubano, aunque fuesen fabricados en un tercer país. En mayo el Gobierno norteamericano anuló unilateralmente la cláusula de «nación más favorecida» en el caso de Cuba, en abierta violación de los estatutos del GATT, el acuerdo internacional regulador del comercio entre las naciones, del que ambos países eran signatarios.

 

Algunos meses después, en septiembre, se conocían las gestiones personales del Secretario de Estado Dean Rusk ante los gobiernos europeos de los países aliados de Estados Unidos en la OTAN, para lograr que los barcos de esas nacionalidades no transportaran mercancías a Cuba, mientras que los sindicatos marítimos norteamericanos, por indicación del Departamento de Estado, comenzaron a negar facilidades portuarias a los buques de cualquier nacionalidad que hubieran transportado mercancías a Cuba. Se prohibió también la venta a esos países de productos agrícolas dentro del programa llamado de Alimentos para la Paz.

 

El «embargo» terminaba de perder su antifaz para revelarse como lo que era en realidad y ha sido desde entonces: un bloqueo económico total.

 

[…]

A pesar de la violenta agresión económica que estaba siendo ejercida ya por el gobierno de Estados Unidos en aquellos momentos, la Ley número 851 de 6 de julio de 1960, que autoriza la nacionalización de las empresas estadounidenses, establece la compensación por los bienes nacionalizados. En esa Ley se dispuso el pago de aquellos bienes con Bonos de la República que se  amortizarían en un plazo no menor de treinta años y con un interés no menor del 2 por ciento.

 

El proceso de nacionalización efectuado en Cuba incluyó también a nacionales de otros países, cuyos gobiernos adoptaron una posición respetuosa con relación a la decisión soberana de Cuba y establecieron negociaciones para la compensación de sus ciudadanos. Se concluyeron acuerdos con Francia, Suiza, Gran Bretaña, Canadá y España, y se establecieron plazos para su ejecución en concordancia con la práctica internacional en estos casos. Todos los afectados fueron compensados, encontrándose en ejecución el acuerdo con España.

 

El Gobierno norteamericano rechazó con arrogancia las fórmulas de compensación propuestas también en este caso por Cuba. Lejos de aceptar una negociación razonable, intensificó su agresión y así, en octubre de 1960, el Presidente de Estados Unidos estableció la prohibición de toda exportación a Cuba, con excepción de medicinas y alimentos no subsidiados, aunque en la práctica estos no se exportarían a Cuba y en 1964 sería prohibida oficialmente su exportación. Esta nueva agresión, como ya se ha dicho, iba enfilada a paralizar la industria, el transporte y, en general, la base tecnológica de la economía, que era de procedencia norteamericana en abrumadora mayoría y, por tanto, altamente dependiente de las importaciones de piezas de repuesto e insumos de ese país.

 

Por otra parte, durante la administración del Presidente James Carter, entre 1977 y 1981, se introdujeron algunas modificaciones al Reglamento para el Control de los Activos Cubanos, que fueron pequeños e iniciales pasos en dirección hacia cierta flexibilización. Estas disposiciones, que nunca alteraron las bases fundamentales de la política de bloqueo y fueron eliminadas durante las administraciones subsiguientes de los presidentes Ronald Reagan y George Bush. Incluso durante el mandato de este último el bloqueo experimentó un recrudecimiento.

 

Con la desaparición del campo socialista y la desintegración de la Unión Soviética, la economía cubana perdió abruptamente los mercados, las fuentes de suministros y el sistema de relaciones de intercambio y cooperación que habían sido importantes factores para atenuar los efectos de la guerra económica de Estados Unidos contra Cuba hasta finales de la década de los años ochenta.

 

En esa coyuntura especialmente adversa, cuando desapareció en brevísimo plazo el sistema de relaciones económicas con los países socialistas, dejó de existir el CAME y el entramado de relaciones de integración económica, especialización productiva y acceso a mercados con precios y financiamientos acordados, cuando la economía cubana y el pueblo todo se encontraron frente a formidables obstáculos que parecían insalvables para muchos observadores externos, cuando el mundo se tornó unipolar y la hegemonía norteamericana se abatió sobre el planeta, cuando el pueblo cubano se vio obligado por la guerra económica a hacer por segunda vez en un lapso de apenas tres décadas un nuevo y muy costoso proceso de reestructuración a fondo de sus relaciones económicas externas, de su infraestructura tecnológica, de sus fuentes de suministros y de financiamiento, entonces el gobierno norteamericano creyó llegado el momento de arreciar el bloqueo e infligir mayor daño a la economía cubana para lograr la derrota de la Revolución, a la que no le había sido posible destruir durante más de treinta años.

 

En efecto, la aprobación de la llamada Enmienda Torricelli, incluida en la Ley de Gastos para la Defensa de 1992, intensificó las medidas del bloqueo al prohibir el comercio de Cuba con filiales de empresas de Estados Unidos radicadas en terceros países y sujetas, por tanto, a las leyes de esos países, anunciar sanciones a los países que concedan asistencia económica a Cuba y reactivar y arreciar las sanciones a buques que transporten cargas hacia o desde Cuba.

 

El resultado directo fue la eliminación del comercio con filiales de empresas norteamericanas radicadas en terceros países, los cuales sufrieron la humillación de que empresas extranjeras sometidas a sus leyes se vieran enfrentadas a la obligación de actuar en cumplimiento de la aplicación extraterritorial de una ley norteamericana.

 

Para la economía cubana, la supresión del comercio con aquellas filiales, cuya composición era del 90 por ciento en alimentos y medicinas, fue un golpe adicional en la crítica coyuntura de comienzos de la década de los 90. Esta situación se amplía y hace más compleja en estos momentos, como resultado del intenso y acelerado proceso de adquisiciones de empresas, fusiones, megafusiones y alianzas estratégicas a escala mundial dentro de la globalización neoliberal, proceso en el cual Estados Unidos tiene una significativa participación. Ello da lugar a que clientes o suministradores tradicionales de Cuba en terceros países interrumpan sus relaciones comerciales o financieras con nuestro país tras su adquisición o fusión con una empresa norteamericana.

 

Adicionalmente, la economía cubana se ha visto impedida de aprovechar su excelente posición geográfica para desarrollar fuentes de ingreso como el fomento de puertos de trasbordo, suministro de combustible y pertrechos a buques que transitan por el estrecho de la Florida, reparaciones a buques y estacionamiento de remolcadores extranjeros para operaciones de salvamento.

 

En agosto de 1994, el presidente de Estados Unidos adoptó medidas de prohibición de las remesas familiares a Cuba y reducción de los vuelos entre ambos países como represalia por los resultados de la propia política promovida por aquel Gobierno de incitar la emigración ilegal y acoger con honores a terroristas y piratas que secuestraron naves y personas y cometieron otros crímenes, incluido el asesinato.

 

Fragmento tomado de Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos por daños humanos, Editora Política, La Habana, 1999.

Subtemas más Visitados
El fenómeno migratorio en Cuba depende de condiciones históricas,...
Entre el 2 de diciembre de 1958 y el 29 de mayo de 1961, en menos de dos años y medio,...
En enero de 1959 se organizó una fuerte campaña mediática contra Cuba a...
El terror no distingue sexos, pero cuando una mujer se convierte en víctima, el dolor es...
Todo nuestro pueblo, lleno de indignación, ha conocido el plan para atentar contra la...
Enviar un comentario
Nombre
Email
Sitio web
Comentario
Message
Enviar