Agresiones terroristas con impacto en la economía antes de Girón
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Autor : Cubadenuncia
Publicado : 19/02/2014

Pocas semanas después de la firma de la Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959, el gobierno de Estados Unidos desató con toda violencia e intensidad la guerra sucia contra Cuba. Una de sus primeras decisiones fue emprender una campaña de actividades subversivas utilizando inicialmente a sus representantes diplomáticos en La Habana. El 8 de agosto de 1959 las autoridades cubanas detuvieron al sargento Stanley F. Wesson, acreditado como miembro del servicio de seguridad de la Embajada de Estados Unidos, y a otra empleada de la sede diplomática, en una reunión de elementos contrarrevolucionarios en la que se preparaban actos de sabotaje coordinados con los planes de invasión a Cuba que se fraguaban por esa fecha en la República Dominicana.

 

[…] Mientras se desarrollaba la escalada de acciones terroristas desde el aire, el gobierno de Estados Unidos había emprendido una serie de maniobras diplomáticas destinadas a obstaculizar la adquisición por parte de Cuba de los medios necesarios para la defensa del territorio frente a estas incursiones aéreas piratas, incluida la presión sobre el Gobierno de Gran Bretaña para impedir la venta a Cuba de quince aviones de combate. Pero el hecho más significativo en la cronología de acciones dirigidas a impedir el reforzamiento de la defensa del país, fue la voladura del vapor francés La Coubre el 4 de marzo de 1960. El buque había cargado en un puerto europeo un importante lote de armamentos y parque adquirido por el Gobierno cubano. El cargamento fue saboteado por agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el puerto de embarque, y los artefactos explosivos colocados estallaron ese día en el puerto de La Habana mientras se realizaban las operaciones de descarga. Las explosiones dejaron un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos, la destrucción del buque, las instalaciones portuarias cercanas y unas 800 toneladas de armamentos, para un total de daños y pérdidas materiales estimado en 17,5 millones de dólares.

 

Paralelamente a la campaña de terrorismo desde el aire, durante los meses finales de 1959 la contrarrevolución interna, organizada y apoyada directamente por las agencias del Gobierno de Estados Unidos, incrementó sus actividades subversivas […].  Cines, comercios, oficinas, fábricas, escuelas, fueron objeto de atentados terroristas con explosivos o sustancias incendiarias, casi siempre en momentos en que estaban llenas de público. Se incrementan igualmente las quemas de cañaverales. Todas estas acciones provocaron daños económicos de consideración.

 

El 15 de febrero de 1960 es incendiada la tienda por departamentos Ten Cent de la ciudad de Santa Clara.

 

En el mes de octubre de ese mismo año fue denunciada la actividad de la estación de la CIA en la embajada norteamericana en La Habana, en las personas del coronel Erickson S. Nichols y el mayor Robert Van Horn, ambos agregados militares reclutados por la Agencia. El objetivo de estos espías era estimular la contrarrevolución en la capital del país mediante la puesta en práctica de un amplio plan subversivo que incluía la voladura de la refinería de petróleo Ñico López y de la planta eléctrica de Tallapiedra.

 

[…] Entre los meses de septiembre y diciembre de 1960, se cometieron más de cincuenta violaciones aéreas solamente en la provincia de La Habana, muchas de ellas con la finalidad de distribuir propaganda contrarrevolucionaria y lanzar bombas sobre objetivos estratégicos de la capital. En ese mismo período se reportaron más de cien acciones de sabotaje y actos terroristas contra la población.

 

Entre los hechos más significativos que ocurren en el mes de diciembre de 1960, cabe mencionar el incendio provocado el día 15 en los estudios de la emisora radial CMQ en La Habana; la bomba colocada en la Universidad de La Habana que, además de los daños causados, hirió de gravedad a un estudiante; el sabotaje del cine Cándido, en Marianao, con un saldo de siete jóvenes heridos, y la destrucción total y parcial, respectivamente, por el fuego de las tiendas La Época y Flogar, dos de las mayores de La Habana. En el resto del país también se incrementó la actividad terrorista: incendios de casas de tabaco en Pinar del Río, 39 acciones de diversos tipos en Las Villas, 16 sabotajes y un asalto a una estación de policía en Camagüey y siete sabotajes de envergadura en Santiago de Cuba.

 

El 3 de marzo una bomba colocada en el Consolidado de la Construcción en Rancho Boyeros causa grandes daños y ocasiona la muerte del obrero de 18 años, José María Méndez Marrero. Tres días después es asesinado el miliciano Carlos Rodríguez Borbolla, en el interior de una nave de almacenamiento de papel periódico, en La Habana, incendiada posteriormente. El día 11 un sabotaje efectuado a las torres de servicio eléctrico en el barrio habanero de la Víbora deja sin fluido eléctrico a una amplia zona de La Habana. El día 14 estallan incendios simultáneos en las sucursales de los grandes establecimientos comerciales denominados Ten Cent en las calles Monte y Obispo, en la capital del país.

 

El 4 de abril un incendio provocado destruye un almacén y 180 mil sacos de azúcar en el central Hershey, en Santa Cruz del Norte. El día 7 es saboteada la conductora central de agua de la Cuenca Sur y se interrumpe el suministro en gran parte de la Ciudad de La Habana por 48 horas. El 13 de abril, dos días antes del lanzamiento del ataque aéreo previo a la invasión del ejército mercenario de la CIA, un sabotaje con fósforo vivo destruye totalmente el edificio ocupado por la tienda El Encanto, en la capital, la mayor del país, y ocasiona la muerte de la trabajadora y miliciana Fe del Valle, lesiones a otras 18 personas y pérdidas materiales valoradas en 5,7 millones de dólares.

 

El 15 de abril de 1961, aviones mercenarios pertenecientes a la fuerza invasora organizada por la CIA bombardean tres aeropuertos del país, como preámbulo de la invasión. En Santiago de Cuba fueron dañados los hangares y otras instalaciones, destruidos un avión Catalina, un DC-3 y varios aparatos ligeros, y averiados un C-47 y un B-26 de la Fuerza Aérea Rebelde. En La Habana fueron destruidos varios aviones y dañadas instalaciones y viviendas.

 

[…] La invasión mercenaria por Playa Girón costó al pueblo cubano la vida de 176 de sus hijos. Cientos de combatientes revolucionarios fueron heridos en las acciones. Esta agresión, además, provocó un enorme costo material a nuestro país, incluidos los extensos daños causados por los invasores.

 

Fragmento tomado de Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos por daños humanos, Editora Política, La Habana, 1999.

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