Los niños siempre en el blanco
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Autor : Pedro Etcheverry Vázquez
Publicado : 19/02/2014

Entre los años 1959 y 1965 el gobierno de Estados Unidos estimuló y dirigió cerca de trescientas bandas de alzados contrarrevolucionarios, que abastecidas por vía aérea y marítima, sembraron el terror entre la población indefensa de las zonas rurales en todo nuestro territorio nacional, con el fin de desestabilizar a la Revolución Cubana y crear una situación que justificara ante la opinión pública internacional, el lanzamiento de una invasión militar con la que proyectaban derrocar al Gobierno revolucionario.

 

Como resultante de esta guerra impuesta desde los centros de subversión y espionaje de Estados Unidos, el pueblo cubano vio caer a varios centenares de sus mejores hijos, unos en combate frontal contra un enemigo que era constantemente estimulado a través de las campañas de propaganda subversiva y otros que morían asesinados a manos de los bandidos.

 

Entre las víctimas del bandidismo contrarrevolucionario hubo muchos niños, como Reynaldo Muñiz Bueno-Machado, de apenas 22 meses, Albinio Sánchez Rodríguez (10 años), Leopoldo Martínez (11), Yolanda Rodríguez Díaz (11) y Fermín Rodríguez Díaz (13). Además hubo víctimas adolescentes, como Emilio Pisco Sánchez (16) y el maestro alfabetizador Manuel Ascunce Domenech (16).

 

En los años siguientes y hasta nuestros días, la niñez cubana ha sido la víctima principal de una política de hostilidad encabezada por el bloqueo económico, comercial y financiero, que incluyó casi desde el inicio la prohibición de la venta de medicamentos e instrumental quirúrgico.

 

Como consecuencia de un engendro como la Operación Peter Pan, concebida y dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), más de 14 mil niños fueron arrancados del seño de sus familias en Cuba y llevados a territorio norteamericano, donde fueron hacinados en campamentos y posteriormente relocalizados en orfelinatos, o entregados en adopción a familias que el gobierno de Estados Unidos subvencionaba.

 

Los actos terroristas realizados dentro de nuestro país con armas y explosivos suministrados por los servicios de inteligencia norteamericanos, también le han provocado heridas a varias decenas de menores. Durante la invasión mercenaria por Playa Girón, 5 niños recibieron heridas graves.

 

Poco tiempo después, el 28 de mayo de ese mismo año, un grupo de elementos terroristas incendiaron el cine Riesgo, en Pinar del Río, en plena función infantil, como resultado de lo cual resultaron heridos 16 niños y 14 adultos.

 

El 12 de octubre de 1971, una lancha rápida procedente de EE.UU. ametralló el poblado de Boca de Samá,  y dejó un saldo de dos muertos y varios heridos, entre ellos las niñas Angela y Nancy Pavón Pavón, de 13 y 15 años de edad, respectivamente. A esta última fue necesario amputarle una pierna.

 

Las agresiones biológicas también han afectado nuestra niñez. La introducción en Cuba del virus del dengue hemorrágico, que en 1981 cobró la vida de 158 personas, incluyendo 101 niños; constituye uno de los hechos más deleznables de toda esta dramática historia de agresiones.

 

El caso del niño Elián González Brotóns, sacado de su seno familiar y mantenido en cautiverio en Miami, Florida, se inscribe también como una violación flagrante de los más elementales derechos humanos.[…] víctima de una política migratoria grosera y criminal, para presionar al gobierno de la potencia más poderosa de la historia de la humanidad, para que continuara agrediendo a su patria. […].

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