La responsabilidad de la CIA en el crimen de Barbados
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Autor : Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez
Publicado : 13/02/2014

Corría el año 1967. La contrarrevolución en Cuba había sido aplastada. La sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Miami Estación CIA JM WAVE comenzó paulatinamente a limitar sus operaciones de guerra sucia contra el territorio cubano, después de largos años de crímenes y agresiones. El terrorismo no había cesado, sino que se intensificaba contra intereses cubanos en el extranjero. Sus «blancos» predilectos serían entonces funcionarios diplomáticos y comerciales, embajadas, consulados, representaciones de líneas aéreas o marítimas, ya fueran cubanas como de cualquier país que mantuviese algún vínculo con Cuba. Era solo un cambio estratégico en la política de terror.

 

Un asesino a sueldo llamado  Luis Clemente Faustino Posada Carriles fue «asignado» a Caracas, Venezuela, en 1967, como mercenario de la CIA, transitando por sus órganos de Inteligencia hasta ocupar un importante cargo en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de entonces. Sus principales tareas: eliminar focos de «insurgentes» y apoyar el trabajo de espionaje de la CIA en el medio diplomático hostil a los Estados Unidos y en las altas esferas de la política local. Esta designación no era casual; constituía un cargo de confianza en un país con grandes intereses económicos y geopolíticos para Estados Unidos en el área del Caribe y Sudamérica, muy cercano a Cuba por profundos lazos históricos.

 

El propio George Bush (padre), en su calidad de Director de la CIA en 1976, expresó en privado al entonces Jefe de la DINA chilena, general Juan Manuel Contreras Sepúlveda, durante una reunión en Washington, que la DISIP había sido reestructurada con la participación de agentes cubanos al servicio de la agencia, sugiriéndole que a su regreso a Chile pasara por Caracas y visitara este órgano policiaco. Según Contreras, durante su viaje a Venezuela se entrevistó con operativos cubanos en ese país. Uno de ellos era Luis Posada Carriles.

 

La «reestructuración» aludida por el entonces Director de la CIA, incluía importantes recursos de todo tipo dirigidos a potenciar aquel dispositivo policiaco.

 

Luis Posada Carriles no abandonó su accionar terrorista contra Cuba en esos años, sino que las recrudeció a partir del manto oficial que le ofrecía su cargo en la DISIP venezolana, en la que fue nombrado como Comisario el 4 de octubre de 1971 por su amigo y colaborador Remberto Uzcátegui Bruzual, quien lo integró al grupo represivo bajo su dirección conocido como «los Doce Apóstoles». Esta designación le brindó mayores posibilidades para continuar las acciones de interés de la CIA que venía desempeñando desde años atrás.

 

En 1974, por desavenencias con el nuevo gobierno de Carlos Andrés Pérez, Posada Carriles se vio obligado a renunciar, creándose una difícil situación operativa para la CIA. Pero de la noche a la mañana, surgieron nuevos fondos monetarios, algunos de ellos supuestamente aportados por su antiguo compañero en la DISIP, Joaquín Chafardet Ramos, y es creada una agencia privada de detectives en Caracas nombrada Investigaciones Comerciales e Industriales, Compañía Anónima (ICICA), dirigida por el propio Posada Carriles.

 

Esta «agencia» desplegó su actividad desde los primeros meses de 1974 hasta octubre de 1976, considerados los años de mayor violencia terrorista contra oficinas diplomáticas y comerciales e intereses cubanos en el continente.

 

En sus «memorias», Posada Carriles intenta encubrir el carácter subversivo de la ICICA y justificar los recursos técnicos y financieros de que disponía:

 

 

[… ]jamás nos hicimos cargo de asuntos relacionados con adulterios ni problemas entre políticos, rama que nos parecía de importancia mínima, en comparación con lo más rentable y atractivo de la investigación comercial e industrial, particularmente en el campo del espionaje de tecnología, comercio y finanzas de empresas nacionales y extranjeras […] nos encargaron investigaciones sobre conflictos de competencia, robos y fraudes; investigaciones para pre-empleo de ejecutivos importantes, especialmente de empresas multinacionales […] una red de equipos móviles de comunicaciones con su repetidora, cámaras operativas, micrófonos sofisticados, etc., auxiliaban en sus pesquisas a nuestros investigadores […]

 

 

Este centro terrorista llegó a contar con 36 empleados, algunos de ellos ex agentes de los servicios especiales venezolanos o terroristas de origen cubano, familiarizados con tareas clandestinas de seguimiento y control técnico de objetivos de interés, técnicas de escucha ilegal o interrogatorios y acciones violentas con armas y explosivos plásticos. El segundo al mando y jefe de operaciones de esta «agencia» era Diego Argüello Lastre, ex policía de la tiranía batistiana.

 

El nivel de agresividad y efectividad de este grupo solo era posible gracias a la tenencia de medios de intercepción telefónica, transmisores de radio miniatura para aplicaciones ocultas y micrófonos pequeños para empotrar en paredes (algunos comerciales y otros de procedencia desconocida, presuntamente elaborados por un servicio profesional de espionaje), equipos de grabación profesional, estetoscopios para escucha a través de paredes, medios de cerrajería, fotografía profesional, equipos portátiles para el montaje de puntos móviles de grabación de conversaciones y líquidos radioactivos para el marcaje y seguimiento de objetivos, entre otros medios.

 

Este equipamiento permite inferir que los blancos del trabajo ilegal podían ser personalidades políticas o gubernamentales, agentes diplomáticos o comerciales extranjeros, dirigentes revolucionarios de izquierda, empresarios y hombres de negocio.

 

Desde esta «agencia» se planificaron muchos actos terroristas y de ella partían subrepticiamente comandos armados y entrenados para colocar bombas en instalaciones civiles cubanas en el extranjero y planear todo tipo de atentados y secuestros, en presumible coordinación con otras agrupaciones de la mafia cubanoamericana en Miami. Según diversas fuentes históricas, la ICICA elaboró estudios operativos sobre instalaciones diplomáticas y comerciales cubanas en Trinidad, Barbados, Colombia y Panamá y poseía mapas de ruta de los vuelos aéreos de Cubana de Aviación en la región.

 

La CIA no podía estar ajena a estas acciones. Posada Carriles seguía siendo su hombre de confianza y posiblemente su oficial ilegal más fiel y experimentado en la región al que debía muchos favores.

 

Días después del crimen de Barbados, un memorando de inteligencia desclasificado del Departamento de Estado norteamericano de fecha 19 de octubre de 1976 solicitaba a la CIA algunas respuestas y comentarios. La primera de aquellas preguntas ponía el dedo en la llaga: ¿Ha tenido la CIA alguna relación con la agencia de investigaciones de Posada o con cualquier negocio que él pudo haber tenido? Desconocemos si la CIA emitió alguna respuesta.

 

La solución más práctica y ventajosa para el gobierno de Estados Unidos sería la creación de la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).

 

En junio de 1976, Luis Posada y Orlando Bosch participaron en la conformación del grupo terrorista CORU en República Dominicana, creado a instancias de los propios servicios de inteligencia norteamericanos. Un veterano oficial de la División antiterrorista de la Policía de Miami declaró en 1979 que «[…] los cubanos llevaron a cabo la unión del CORU a solicitud de la CIA […] los Estados Unidos apoyaron la reunión para tenerlos a todos en la misma dirección nuevamente, bajo el control de los Estados Unidos. La señal básica fue adelante y hagan lo que deseen, fuera del territorio norteamericano […]».

 

El CORU constituyó un agrupamiento ideológicamente fascista para extender el terrorismo internacional contra Cuba, integrar a los terroristas más violentos y asestar golpes contundentes a la Revolución cubana. Integró a los grupos fascistas de origen cubano más activos que operaban desde EE.UU., como Acción Cubana, Brigada 2506, Frente Liberación Cubano, Alpha 66, Abdala, Movimiento Nacionalista Cubano. Al frente de esta agrupación fue designado Orlando Bosch Ávila. Los pormenores de esta reunión en Bonao, República Dominicana, fueron conocidos en detalle por el FBI, cuyos agentes encubiertos estuvieron presentes. Aunque no existen comentarios del FBI en sus informes desclasificados, se poseen evidencias de la presencia de Luis Posada Carriles en Santo Domingo en aquellos momentos.

 

El CORU fascista dirigido por Orlando Bosch sería la cabeza visible. Tras bambalinas, con un efectivo poder en sus manos que le brindaba la ICICA, el hombre fuerte de la CIA, Posada Carriles, participaría más activamente en aquella conspiración internacional.

 

La capacidad operacional de la «agencia» de terror dirigida por Posada desde 1974 y posteriormente la efectividad terrorista del CORU, evidenció una organización nunca antes vista en agrupaciones criminales de aquella época, lo que solo era posible lograr con el apoyo directo de un servicio como la CIA.

 

Contradictoriamente, el triste suceso del avión de Cubana de Aviación en Barbados en octubre de 1976, pocos meses después, sacó de circulación por unos años a estos dos criminales y frustró por el momento la maniobra de la CIA, comandada por George Bush (padre).

 

Bajo la influencia del CORU y el decisivo apoyo operativo de Posada Carriles desde Venezuela, en muchos casos, se produjeron actos de terror en las sedes cubanas en Perú, Colombia, Guyana, Canadá y Venezuela. Un grupo dirigido directamente por Posada, junto a Orlando Bosch, y siguiendo un acuerdo previo de la reunión de constitución del CORU, planearon sabotear el vuelo 467 de Cubana de Aviación Panamá-Habana, acción que resultó infructuosa.

 

El 9 de julio estalló una bomba en un equipaje que era conducido a un avión cubano de pasajeros, en Kingston, Jamaica, cuya salida se había visto retrasada 40 minutos por causas operacionales. Gracias a esto se conjuró una catástrofe terrible.

 

El 10 de julio detonó otro artefacto en las oficinas de British West Indian Airline, en Barbados, colocado presumiblemente por Hernán Ricardo y Freddy Lugo, sicarios al servicio de la «agencia» de Posada, y más tarde autores directos de la voladura del avión cubano en ese mismo lugar.

 

El 11 de julio detonó otra bomba en las oficinas de la Línea Aérea Air Panamá en Colombia y días más tarde se realizaron disparos contra la embajada cubana en ese país. Se presume que un comando terrorista al mando de Posada Carriles, entre los que se encontraba Hernán Ricardo, viajó a este país en estos días con el propósito de provocar un hecho terrorista de gran trascendencia publicitaria.

 

El 6 de octubre de 1976, explotaba en pleno vuelo el avión cubano en Barbados, con 73 pasajeros a bordo. Fue el crimen más horrendo de todos, que aun después de 30 años, llena de indignación y tristeza a todo nuestro pueblo.

 

Días antes del atroz suceso, la embajada de EE.UU. en Caracas negó la visa de entrada a Puerto Rico a Hernán Ricardo Lozano, uno de los autores materiales del crimen. Se conoce por fuentes históricas, que la embajada norteamericana en Puerto España, Trinidad Tobago, conoció que Ricardo se encontraba en dicho país en momentos en que el CORU se adjudicaba una bomba en el consulado de Guyana, el 1ro. de septiembre de 1976. La CIA pudo temer entonces que su relación de larga data con Hernán Ricardo podía acarrearles problemas.

 

Después de su detención por las autoridades venezolanas que los acusó por su responsabilidad en el sabotaje al avión cubano, el gobierno de los Estados Unidos maniobró para que no fueran juzgados y propuso que Posada fuera liberado y Bosch entregado a sus autoridades.

 

El gobierno de los Estados Unidos fue autor intelectual de aquel horrendo suceso. No se trataba de un hecho aislado. Los documentos desclasificados demuestran que sus servicios de inteligencia no eran ajenos a los intentos del CORU de hacer explotar un avión en el aire. No eran ajenos tampoco a la labor subversiva de la ICICA en la región, de donde partieron los autores materiales del hecho y los explosivos utilizados. Esto podría explicar, entre otras razones, su negativa a extraditar a Posada Carriles a Venezuela.

 

La CIA y su gobierno facilitaron posteriormente la fuga de Posada de su prisión en Venezuela, ofreciéndole una importante misión en la guerra sucia en Centroamérica. Años después concedieron el asilo definitivo de Bosch en territorio norteamericano, como próximamente lo harán con Luis Posada Carriles, por sus amplios servicios a la causa del terrorismo.

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