Los fracasos callados de la CIA
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Autor : Manuel González y Luis Carreras
Publicado : 13/02/2014

Con el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959, comenzó para los círculos de poder de los Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), lo que posteriormente se convertiría en toda una obsesión: derrocar al primer gobierno socialista del hemisferio occidental, el cual representaba el mayor impedimento para sus pretensiones hegemónicas en el área.  Aunque a algunos no les guste y les duela reconocer, los 50 años de la Revolución Cubana, casi de manera ininterrumpida, han estado vinculados a la historia de las agresiones de la CIA, y en muchos casos, algunos de los episodios mas conocidos han tenido un efecto devastador en la imagen de la Agencia, como es el caso de la Invasión por Playa Girón, hecho histórico referencial, y tema nunca agotado, cuando se hable de los grandes fracasos de la «Gran Fábrica de Trucos Sucios».

 

Girón significó el fin de la era Dulles,[1] así como de la carrera del propio director de la CIA y de su sub director para Planes, Richard Bissell. Otros de sus protagonistas, oficiales de plantilla y mercenarios, continuaron vinculados durante casi dos décadas a una historia repetida de espionaje, piratería, sabotaje, guerra económica, planes de asesinato y cuanto negocio sucio fuera menester.

 

Girón rompió el mito de infalibilidad de la CIA y marcó la diferencia. Como bien se dice en Cuba, la victoria de Playa Girón significó la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina, fue la primera de otras muchas hasta nuestros días. Algunos podrán decir o pensar, tratando de restar méritos, que no se derrotó al ejército de los Estados Unidos. No sería el ejército de los Estados Unidos, pero era «un ejército» de los Estados Unidos, diseñado, financiado, armado y entrenado por la CIA, con la hoja de parra de la cínica doctrina de la negación plausible, muy en boga en aquellos años. No había muchas caras pálidas en la playa, como pidió su presidente. Eran las caras, de apariencia mayoritariamente latina, de 1511 apátridas cubanos integrados en una brigada mercenaria equipadas con armamento yanqui, que en menos de 72 horas resultaron aniquiladas de manera espectacular por un ejército inspirado en la defensa de una causa justa: la patria.

 

Pero en realidad no todos los tulipanes habían sido dorados para la CIA antes de 1961. Detrás de sus aparentes éxitos durante los primeros años de la Guerra Fría, la historia, implacable, fue sacando a flote, de manera paulatina, algunos pasajes de acciones encubiertas en terceros países, no muy exitosas en algunos casos, y desastrosas en otros. Una de estas últimas fue la aventura de guerra encubierta en Albania entre 1949 y 1952, que por su diseño y concepción hacía recordar el Plan de la Operación Zapata,[2] concebido 11 años después contra Cuba.

 

En esa oportunidad la CIA, a través de la División de Europa del Este de la Oficina de Coordinación Política (OPC por sus siglas en ingles),[3] comenzó el entrenamiento de emigrados albaneses en una base británica de la Isla de Malta y de manera paralela armó una red de agentes dentro del país, que debía interactuar con grupos contrarrevolucionarios ya existentes. Las fuerzas entrenadas en la isla de Malta serían infiltradas en el país a través de operaciones marítimas y aéreas. El plan era ambicioso y su objetivo principal desencadenar una guerra civil abierta. El final fue la penetración total de las redes por los servicios especiales soviéticos, su desarticulación y la detención de los grupos de infiltración: un fracaso total.

 

La operación de Albania marcó el inicio de derrotas posteriores durante intentos similares dirigidos a fomentar los denominados movimientos de resistencia en el territorio de la otrora Unión Soviética y de países integrantes del bloque socialista, lo que en la práctica se convirtió en un programa difundido por toda Europa del Este, territorio donde en esos años se concentraban la mayoría de las acciones clandestinas del incipiente servicio clandestino de la CIA.

 

La historia de ese programa abarcaba el apoyo a los grupos nacionalistas ucranianos diezmados y confinados a cuevas en las montañas para 1952, aunque las últimas bandas fueron liquidadas totalmente en 1962. Igualmente fueron aniquiladas las fuerzas paramilitares y las redes de agentes en las ex repúblicas soviéticas del báltico, las cuales habían sido fomentadas inicialmente por los servicios especiales ingleses. La misma suerte corrió el movimiento contrarrevolucionario en Polonia penetrado y controlado por las fuerzas de seguridad soviéticas antes de su definitiva neutralización.

 

Después de los sucesos de Berlín Oriental[4] en junio de 1953, cuando se produjeron disturbios contrarrevolucionarios, neutralizados por la acción de las tropas soviéticas acantonadas en la ciudad, el programa de resistencia clandestina de la CIA para Europa del Este fue congelado, no así las operaciones de espionaje y subversión enmarcadas dentro de la estrategia global anticomunista de la Guerra Fría. Ya para esa fecha las acciones paramilitares de la CIA se estaban trasladando para su nuevo escenario en Asia y el Lejano Oriente, donde el gobierno de los Estados Unidos se había involucrado en una sangrienta campaña militar contra la República Popular de Corea.

 

Es precisamente durante la guerra de Corea que la CIA adquiere la capacidad paramilitar que perduraría hasta los días de Playa Girón y aún más. El incremento  drástico de las capacidades de la OPC se demuestra en las siguientes cifras: De 302 oficiales de plantilla en 1949 crecieron a 2812 en 1952 añadiendo 3142 personas  contratadas. El presupuesto se incremento de 4 millones 700 mil dólares en 1949 a 82 millones en 1952. En 1949 solamente había personal de la OPC en 7 Estaciones de la CIA en terceros países. En 1952 la presencia de operadores clandestinos abarcaba 47 Estaciones Locales.[5]

 

En la República Popular China, desde los años previos a su fundación en 1949 hasta 1960, el gobierno de los Estados Unidos a través del Ejercito y la CIA, se involucró de manera directa y activa en un amplio programa de guerra clandestina, que incluía el entrenamiento de fuerzas paramilitares y su introducción en territorio continental del país asiático, así como el fomento de redes de agentes para el sabotaje y el espionaje.

 

Después de finalizada  la Segunda Guerra Mundial, la administración de Harry Truman trató de impedir por todos los medios la victoria del movimiento comunista en China, a través del apoyo masivo a las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai-Shek. Hacia 1949, la ayuda a estos últimos sumaba cerca de dos mil millones de dólares en efectivo y mil millones en armamento; treinta y nueve divisiones nacionalistas habían sido armadas y equipadas.[6] A pesar de esto, la dinastía Chiang fue derrotada y el primero de octubre de 1949 se proclamaba oficialmente la República Popular China, bajo la dirección del Partido Comunista Chino y su líder histórico Mao Tse-tung.

 

Sin embargo, después de la huida a Taiwán de Chiang y sus seguidores, el gobierno norteamericano y la CIA mantuvieron  una campaña de continuados ataques contra el gobierno soberano de China, utilizando como trampolín a la entonces Birmania, así como las islas Matsu y Quemoy, situadas a escasas millas del territorio continental chino, donde se habían refugiado un considerable numero de las fuerzas nacionalistas.

 

Por otra parte, numerosas incursiones a territorio chino fueron desarrolladas por comandos, infiltrados por aire para acciones de inteligencia y sabotaje. En 1954 el gobierno de Pekín revelo oficialmente que en enero de 1953  once miembros de la fuerza aérea norteamericana habían sido derribados en China, los que fueron enjuiciados y encarcelados, así como que entre 1951 y 1954 habían dado muerte en acciones de combate a 106 agentes taiwaneses y norteamericanos lanzados en paracaídas sobre territorio continental, además de haber capturado a otros 124.[7]

 

A pesar de todos estos fracasos, la CIA continuó organizando planes de guerra irregular contra China y en 1955 inicio su aventura tibetana, un programa subversivo dirigido a estimular ideas secesionistas en la región autónoma del Tibet, a partir de la manipulación de las creencias religiosas de los habitantes de esa intrincada área geográfica. Agentes de la CIA infiltrados en la población y en la guardia del Dalai Lama, líder espiritual y autoridad gubernamental del Tibet; provocaron en el año 1958 violentos disturbios, los que fueron neutralizados en breve plazo por las autoridades de Pekín. El Dalai-Lama y un número considerable de su guardia se refugiaron en el norte de la India, comenzando lo que sería la segunda etapa del plan subversivo yanqui.

 

En esta segunda etapa, la administración del presidente Eisenhower autorizó a la CIA el entrenamiento de las tropas del Dalai Lama en el propio territorio continental de los Estados Unidos, un hecho sin precedentes en  la historia de los programas paramilitares de la Agencia para esos años. Se escogió la base militar de Camp Hale, en las montañas del estado Colorado, por ser un escenario geográfico parecido al de las zonas donde deberían incursionar los comandos subversivos tibetanos. La operación duro hasta mediados de los años sesenta y significó una nueva derrota yanqui, además del gasto de incalculables recursos y dinero, necesarios para entrenar y transportar a través de miles de kilómetros a una tropa mercenaria condenada al fracaso desde el mismo momento en que fue concebida [8]

 

De manera simultánea a la Operación del Tibet, la CIA estuvo involucrada en otra guerra secreta en territorio asiático. El domingo 18 de mayo de 1958 es derribado en la isla de Sumatra, Indonesia un avión B-26 de la CIA, tripulado por el piloto Allen Lawrence Pope,[9] quien en días previos, durante una incursión aérea en un lugar cercano a una Iglesia provocó la muerte de la mayoría de la congregación que se trasladaba hacia la misma. Este hecho provocó el aborto casi inmediato de otra gran operación de la CIA, en esta ocasión dirigida contra el gobierno del presidente Sukarno en Indonesia, la que había sido iniciada dos años antes, cuando la agencia diseñó un plan de apoyo a fuerzas sediciosas dentro del ejército de ese país, con pretensiones separatistas en la isla de Sumatra.

 

Casi inmediatamente después del derribo del avión, la CIA decidió desconectarse del apoyo a las fuerzas separatistas y las abandonó a su suerte. Los instructores del Directorio de Planes de la CIA[10] destruyeron lo que pudieron y en compañía de un grupo de militares indonesios lograron ser rescatados por la marina norteamericana, después de atravesar cientos de kilómetros a través de la selva.

 

El resultado fue una humillación para la CIA y los Estados Unidos, pero una humillación callada. La prensa norteamericana, de alguna manera, nunca supo el verdadero papel de la CIA y aceptó las negativas del presidente de los Estados Unidos y su Secretario de Estado como plausibles.

 

La verdadera envergadura de esta derrota, quizás la más aparatosa por esos años, no traspasó los limites del Cuartel  General de la Agencia de Inteligencia Norteamericana. Si eso hubiese sucedido, el escándalo por el fracaso podía haber conllevado a una mayor cautela en la concepción de la Operación Zapata dos años más tarde, aunque de cualquier forma en las arenas de Playa Girón o de cualquier zona costera que se escogiera para la agresión a Cuba siempre encontrarían  trincheras, infranqueables para cualquier tipo de agresor.

 

 

Tomado de la revista Cuba Socialista, abril de 2009.



[1] Se refiere al período que abarca desde 1953 hasta 1961, durante el cual fungió como director de la Agencia Allen Dulles, cuya gestión se caracterizó por un marcado interés en la conducción de acciones encubiertas contra diferentes procesos democráticos del mundo.

[2] Operación de Playa Girón.

[3] La Oficina de Coordinación Política, fue el eufemístico nombre que se le dio a la primera estructura de la CIA para la Operaciones Encubiertas. Creada el 18 de junio de 1948 por la directiva de seguridad nacional 10/2,  la que también definía el concepto de actividades encubiertas.

[4] Según el investigador norteamericano Thomas Powers, el gobierno de Estados Unidos  no se involucró en el apoyo directo a las fuerzas de la contrarrevolución, quienes acudieron a la CIA en busca de apoyo logístico, lo que de alguna manera influyo en el rápido fracaso de la intentona subversiva. Ver Thomas Powers. Richard Helms: El hombre que conservo los secretos. Pág. 82.

5  Ver Libro IV del Informe Final del Comité Selecto del Senado para el Estudio de las operaciones gubernamentales de Inteligencia. 14 de abril de 1976. pp. 31 y 33.

[6] Audiencias celebradas en  sesión ejecutiva ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado durante 1949 y 1950. Economic Asisstance to China and Korea 1949-1950, testimonio de Dean Achenson, p 23; hecho público en enero de 1974 como parte de las Series Históricas.

[7]Ver Newsweek, 26 de marzo de 1973.

[8] Ver Marchetti y Marks, pp. 128-131 y p. 97 de la edición de 1974.

[9] Pope se lanzo en paracaídas, fue capturado y encarcelado por los Indonesios. En julio de 1962 fue liberado a partir de la gestión negociadora de Robert F. Kennedy.

[10] La Oficina de Coordinación Política fue renombrada como Directorio de Planes en 1952, luego de asimilar a la Oficina de Operaciones Especiales. Con esta fusión se integraba la actividad de recolección clandestina y la de operaciones encubiertas bajo una misma estructura operativa.

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