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Autor : Manuel González
Publicado : 13/02/2014

En el mes de enero de 1953, en pleno auge de la Guerra Fría  y del macarthismo, asume la presidencia de los Estados Unidos el republicano  Dwight David Eisenhower. Al mes siguiente, el 26 de febrero, Allen W. Dulles, [1] sería nombrado director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), quien junto a su hermano John Foster Dulles, como Secretario de Estado, conformarían una simbiosis cuyas ideas y proyecciones influirían de manera significativa en las decisiones de Estado durante el mandato de la nueva administración republicana en casi toda la década de los años cincuenta.

 

Por primera y única vez en la historia moderna de los Estados Unidos, dos hermanos ocuparían al unísono los cargos de Director de Inteligencia Central y de Secretario de Estado. John Foster Dulles era el reflejo de la doble moral que caracterizó de manera significativa a la administración de Eisenhower. El mismo hacía énfasis en la necesidad de contener el comunismo, dejando clara la posición pública del Departamento de Estado de no interferir en los asuntos internos de otros países sin «adoptar las tácticas diabólicas de subversión y manipulación secreta practicadas por el enemigo comunista…»,[2] mientras que por otro lado su hermano Allen, al frente de la CIA, conduciría todo tipo de actividades encubiertas, intervencionistas por naturaleza y muchas veces violentas.

 

La dualidad de la política exterior norteamericana, que ante la opinión pública clamaba por los principios de autodeterminación de los países y de manera encubierta conducía guerras secretas contra todo proceso democrático en el mundo, hubiera tenido lugar incluso sin la relación de los hermanos Dulles. Lo que sí representa un hecho es que la magnitud de esta política se intensificó a partir de la reducción de las fricciones entre el Departamento de Estado y la CIA, lo que propició que la Agencia tuviera prácticamente las manos libres durante la conducción de todas sus operaciones secretas.

 

Durante el mandato de Dulles las acciones encubiertas continuaron teniendo preponderancia, por encima de las actividades administrativas y de inteligencia. La CIA intensificó sus acciones subversivas por todo el mundo. Las operaciones de acción política y las paramilitares adquirieron una nueva dimensión y se expandieron desde el escenario europeo y asiático al de América Latina.

 

La preferencia de Dulles por las operaciones encubiertas era evidente. El mismo concentraba sus funciones de dirección casi de manera exclusiva en ese tipo de actividad, delegando en su subdirector las tareas administrativas y de análisis, lo que afectó entre otras cuestiones la función coordinadora de la agencia dentro de la aún incipiente Comunidad de Inteligencia.

 

Precisamente, la deficiente coordinación con el resto de los componentes de la Comunidad de Inteligencia fue una de las conclusiones básicas a la que arribó el  Panel Clark de la  Segunda Comisión Hoover, que en 1954 había iniciado un nuevo estudio de la CIA por encargo del Congreso.[3] Los miembros del Grupo Operativo recomendaron el nombramiento de un sub director para asumir las responsabilidades de la administración interna de la Agencia, lo que dejaba libre al DCI en su papel de coordinación. Sin embargo, Dulles hizo circular la recomendación y nombró al General Lucien Truscott su segundo para los asuntos de la Comunidad. Claramente, Truscott carecía de la autoridad necesaria para acometer esa tarea.

 

El Directorio para Planes (DDP por sus siglas en inglés) continuó aglutinando la mayor porción de los recursos de la Agencia. Entre 1953 y 1961, la recolección clandestina y la acción encubierta, absorbían un promedio del 54 por ciento del total anual del presupuesto de la Institución. Aunque este porcentaje representaba una reducción en comparación con el periodo de la guerra en Corea, el mayor peso de los gastos de la Agencia, todavía recaía sobre el DDP.[4]

 

La actividad de contrainteligencia dentro del aparato clandestino de la CIA, fue otra de las funciones que adquirió mayor relevancia durante la era Dulles.  El 20 de diciembre de 1954 se crea el Staff de Contrainteligencia dentro del Directorio de Planes.[5] Con esta decisión se intentaba preservar a la Agencia y el país de las acciones de penetración originadas por otros Servicios de Inteligencia, pero más que eso, se trataba de proteger sus propias operaciones de espionaje y sobre todo la actividad subversiva encubierta, que en esos años se encontraba en su etapa de mayor auge.

 

En resumen, durante la segunda mitad de la década del cincuenta y hasta 1958, no se produjeron cambios sustanciales en las funciones y estructura orgánica de la CIA. Fue un período que la mayoría de los estudiosos caracterizan como el de mayor apogeo de las operaciones encubiertas en toda la historia de la Agencia, cuya prioridad por encima de otras misiones condujo al detrimento de las funciones organizativas y de coordinación interna y externa. Por otra parte, la supervisión del Congreso era aún incipiente, al igual que el control de las operaciones encubiertas por parte de las estructuras del aparato ejecutivo, cuyas comisiones comenzaron a cumplir un rol más dinámico y efectivo solo al comienzo de la década del sesenta.

 

Otro aspecto que se mantenía insuficiente era la capacidad del DCI para lograr ejercer su función de coordinación en la Comunidad de Inteligencia, debido a la ausencia de autoridad para el control.

 

El primer gran intento por fortalecer el rol del DCI ante la Comunidad lo realizó el presidente Eisenhower en 1958, al aprobar en septiembre de ese año la primera revisión de envergadura de la Directiva  glacional, por sus sigld de Inteligencia  número 1 del Consejo de Seguridad Nacional (NSCID 1),cuya sección uno comenzaba con la declaración de que «El Director de Inteligencia Central coordinará la actividad de inteligencia exterior de los Estados Unidos…». Al mismo tiempo, se adicionaba una nueva sección sobre las «responsabilidades de la comunidad» que relacionaba las obligaciones del DCI para fomentar una Comunidad de Inteligencia eficiente y para asegurar la calidad de la información de inteligencia que se ponía a disposición del gobierno norteamericano. Por otra parte, la nueva versión de la NSCID 1 también le enfatizaba a los demás departamentos y agencias su responsabilidad en asistir al DCI en las tareas antes mencionadas.

 

Por último, la nueva directiva creaba la Junta de Inteligencia de los Estados Unidos (USIB por sus siglas en inglés), cuyos mecanismos de funcionamiento mejoraban la actividad de cooperación ínter-agencias.

 

En el mismo año 1958 con el proyecto Corona comenzaría la era espacial para la Comunidad de Inteligencia estadounidense. El éxito de este proyecto y la competencia entre las distintas ramas del Ejército llevó al presidente Eisenhower a crear la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO por sus siglas en inglés), dentro del Departamento de Defensa. Sin embargo, la CIA tendría un cierto control en sus presupuestos junto con el Departamento de Defensa hasta los años noventa.

 

La CIA surgió de la explosión de la primera década de la Guerra Fría, no central respecto a la recogida de información, no muy central con respecto al análisis de inteligencia (dependiendo del estilo personal y autoridad de sus líderes ante el poder ejecutivo), sino realmente central con respecto a las actividades clandestinas y las operaciones encubiertas. Indudablemente, durante el desempeño de esas funciones se volvió hiperactiva alrededor del mundo durante cerca de una década antes de que el público americano comenzara a estar ampliamente consciente de ello. Y la preocupación eventual llegó precisamente en la primavera de 1961 durante la fracasada invasión mercenaria de Playa Girón en Cuba, concebida, organizada y ejecutada por la Agencia, en su primer gran intento de derrocar la naciente Revolución Cubana.

 

Tomado del ensayo inédito «La Agencia Central de Inteligencia y sus misiones. Origen Evolución y continuidad de una dinámica injerencista».

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[1] La carrera de  Dulles, incluía 10 años en el Servicio Exterior y como abogado en Nueva York antes de la Segunda Guerra Mundial, jefe de la Oficina de la OSS en Berna Suiza, durante la guerra. Después de disuelta la OSS volvió a ejercer la carrera de abogado en Nueva York y sirvió como consultor de los jefes de inteligencia central hasta diciembre de 1950, fecha en que formalmente ingresa a la CIA, primero como subdirector para Planes y después como subdirector de la Agencia. Su influencia en la actividad y funciones de la CIA fue notoria, fundamentalmente en lo referente a la subversión y las acciones paramilitares

[2] David Wise and Thomas B. Ross: The Invisible Goberment, Random House, New York, 1964, p.98.

[3] El Panel Clark comenzó su trabajo en octubre de 1954 y en mayo de 1955 entregó dos informes, uno muy secreto para el presidente y otro desclasificado para la Comisión Hoover y el Congreso. Ambos informes, identificaban una zona de problemas, tales como la dirección de la Comunidad de Inteligencia y su responsabilidad ante el Congreso. Sin embargo sus resultados reales fueron muy limitados y de poca influencia.

[4] Ver Libro IV del Informe Final del Comité Selecto del Senado para el Estudio de las operaciones gubernamentales de Inteligencia, 14 de abril de 1976, pp. 45 y 46.

[5] Su primer jefe fue James Jesús Anglenton, veterano de la OSS y principal protagonista de la gran  operación de la CIA en Italia durante la campaña electoral de 1948. Con anterioridad la actividad de contrainteligencia de la CIA era ejecutada por los Staff A y D de la Oficina de Operaciones Especiales (OSO por sus siglas en inglés). El jefe del staff D era William Harvey, exoficial del FBI, Anglenton dirigía el Staff A en 1949 y en 1954, cuando fue nombrado jefe del más abarcador Staff de Contrainteligencia, estaba desempeñándose como consejero del Jefe de la CIA para los asuntos de contrainteligencia.

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