Intromisiones inauditas de Estados Unidos en Cuba (I)
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Autor : Manuel González y Luis Carreras
Publicado : 24/02/2014

Investigaciones recientes sobre particularidades de la guerra secreta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra Cuba en los primeros años después del triunfo de la Revolución, han aportado informaciones, poco conocidas y nunca antes publicadas en nuestro país, que revelan que los tres estadounidenses detenidos en 1960 en el edificio del Retiro Médico, cuando intentaban espiar a la Agencia de Prensa SINJUA de la Republica Popular China, eran en realidad importantes oficiales de la Agencia Central de Inteligencia, así como su verdadera identidad, detalles de su juicio y gestiones de la CIA  para promover su evasión de la prisión. Se revelan también nuevos datos sobre la posiblemente primera instalación clandestina de micrófonos y transmisores en inmuebles cubanos por parte de la CIA en 1960.


 Persiguiendo al fantasma del comunismo por las aguas del Caribe


 Emergiendo en el clamor de los incipientes enfrentamientos con el imperialismo yanqui del primer año de la Revolución, 1960 fue un año convulso en Cuba.


 Fue el año en que Estados Unidos condenó a muerte a la Revolución y a su máximo líder al poner en ejecución el Programa Subversivo, macabro plan aprobado por el presidente Dwight David Eisenhower el 17 de marzo, cuyo principal gestor y conductor sería la Agencia Central de Inteligencia.


Mucho antes de esta formalidad, en abril de 1959 el máximo líder de la Revolución había viajado a Estados Unidos donde se entrevistó con el vicepresidente Richard Nixon, por espacio de tres horas y media. Sobre esta entrevista posteriormente Nixon escribiría: “(…) me convertí en un abanderado en propugnar acciones para derrocar a Castro (…)”. Y concluía “(…) o es increíblemente ingenuo en relación con el comunismo o está bajo la disciplina comunista (…)”.


La campaña anticomunista contra Cuba se extendió también al terreno diplomático. En el mes de agosto de 1960, durante la Séptima Reunión de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), el gobierno de Estados Unidos logró que se condenara a Cuba por aceptar la ayuda solidaria de la Unión Soviética y otros países socialistas. El 4 de mayo de 1960 Cuba había restablecido las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y a pesar de la presión estadounidense a través de la OEA, el 24 de septiembre lo hizo con la República Popular China.


Para la CIA, Cuba sería a partir de ese momento una de las denominadas “áreas vedadas”, categoría que incluía también a la URSS y China, por lo difícil que resultaba aplicarles la actividad encubierta de espionaje y subversión.


El seguimiento de la presencia soviética y china en nuestro país, se constituyó en misión permanente para sus oficiales y agentes.


El incremento de la presencia en Cuba de misiones diplomáticas y otras instituciones soviéticas y chinas básicamente, motivó el interés del gobierno de Estados Unidos que pronto convirtió a nuestro país en escenario para sus actividades de espionaje y subversión contra países del campo socialista.


Ya en octubre de 1959 Melvin Beck, un estadounidense de mediana edad, apariencia benigna y cámara fotográfica en mano, había arribado al aeropuerto José Martí de La Habana. Sus documentos de viaje estaban en perfecta correspondencia con su condición de turista, uno más entre los cientos que ingresaban diariamente al país por vía aérea o marítima.


En realidad se trataba de un profesional del espionaje yanqui, especialista en temas soviéticos, jefe del Staff de América Latina en la División de la Unión Soviética del Directorio de Planes de la CIA, y posiblemente el primero de esa estructura en visitar Cuba después del triunfo de la Revolución. 


Alojado en el Hotel Vedado, su principal misión fue explorar la presencia soviética en Cuba y familiarizarse con el país. Permaneció en la Isla durante una semana. La agencia tenía información sobre el arribo a Cuba del primer buque carguero soviético y Beck se encargó de verificar in situ y documentar fotográficamente el arribo del navío al puerto de Cárdenas en la provincia de Matanzas. Beck pudo informar a la CIA que el buque se encontraba cargando azúcar cubana con destino a la URSS.


En 1960 la actividad de la CIA en La Habana se había incrementado significativamente. El 18 de enero habían creado la primera estructura formal para enfrentar a la Revolución cubana. Se trataba de la Rama WH-4 insertada en la División del Hemisferio Occidental del Directorio de Planes. 


Contaba con una plantilla de 40 oficiales, de los cuales 20 estarían actuando desde la Embajada de Estados Unidos en La Habana, 2 desde el consulado en Santiago de Cuba y el resto radicado en la sede principal de Washington DC.


Los oficiales de la CIA en unión de otros profesionales de los servicios de inteligencia militar y del FBI, representados también en la embajada yanqui, bajo el amparo de una diversidad de cargos diplomáticos, desarrollaban disímiles actividades de espionaje y subversión contra Revolución.


En ese contexto, el 5 de febrero de 1960, se produce la segunda visita como turista de Beck a La Habana donde permaneció una semana y media, alojándose nuevamente en el Hotel Vedado. Sus misiones eran continuar explorando la presencia soviética en Cuba y en particular la visita del Viceprimer Ministro Anastasias Mikoyán a la Isla, así como la organización de la Primera Exposición Soviética de Ciencia, Técnica y Cultura.


La tercera visita a La Habana, Beck la efectuó el 24 de mayo de 1960, tres semanas después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Cuba con la URSS. En esta ocasión actuaría con la inmunidad e impunidad conferida por su designación oficial como diplomático, simulando ser un funcionario en tránsito del Departamento de Estado realizando trabajo interno en la embajada de Estados Unidos en Cuba.


El incremento de las relaciones amistosas y solidarias entre ambos países, motivó que la CIA decidiera insertar un especialista en temas soviéticos que bajo el amparo de la embajada pudiera permanecer en Cuba un período más prolongado de tiempo, procedimiento que solo era aceptado en esa época a las Divisiones Soviética y China de su estructura clandestina. Su actividad sería apoyada por otros oficiales de la CIA que operaban permanentemente desde la embajada y que eran conocedores de las particularidades de Cuba, especialmente en la capital.


Beck tendría también que apoyar otras operaciones subversivas contra la Revolución y las principales instituciones del Gobierno Revolucionario, asignadas al enclave permanente de la CIA en nuestro país.


Robert D. Wiecha uno de los oficiales de la CIA más activos en la actividad de espionaje y subversión contra Cuba fue su principal soporte. Su labor de espionaje en Cuba bajo el manto diplomático fue intensa, tanto en Santiago de Cuba donde monitoreó la actividad revolucionaria de las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en la ciudad y en las montañas, como en La Habana donde mantuvo una activa labor incrementada después del triunfo de la Revolución; reclutó como agentes de la CIA diversos ciudadanos cubanos y extranjeros y los dirigió contra las instituciones del Gobierno Revolucionario y sus principales líderes.


Otros, como el agregado naval auxiliar Phillip H. Klepak, también asistirían a Beck en el cumplimiento de sus tareas contra los soviéticos en Cuba.


En la práctica, la actividad de Beck en Cuba estuvo dirigida a verificar en el terreno las informaciones que poseían en el cuartel general de la CIA en Washington DC., en relación con la presencia de funcionarios y especialistas de la Unión Soviética, fundamentalmente los vinculados con la actividad diplomática, militar y de seguridad.


Dedicó una parte significativa de su tiempo a merodear por lugares donde se presumía existiera presencia de esa categoría de personas. Se alojó inicialmente en el Hotel Capri, aunque serían los Hoteles Habana Libre y el entonces Havana Riviera los lugares más visitados.


Entre julio y agosto Beck organizó la que quizás fuera su tarea más compleja: la instalación clandestina de micrófonos en el Penthouse del entonces Hotel “Rosita.” La CIA presumía que en esa instalación turística serían emplazadas las oficinas de la embajada soviética en Cuba, y que en el penthouse podía ser ubicado el despacho del embajador, o al menos una sala de reuniones.


En esta misión, lo asistió de manera activa Robert D. Wiecha, quien le facilitó a uno de sus principales espías reclutados en Cuba: el contrarrevolucionario Alfredo Izaguirre de la Riva, que era sobrino nieto del ex propietario del Hotel Rosita y había entrado en contacto con funcionarios de la Embajada Yanqui a principio de 1959. Jack Steward, un activo oficial de caso de la Estación Local de la CIA durante los últimos años de la tiranía de Batista le facilitó el traslado clandestino de moneda norteamericana hacía Estados Unidos y evidentemente en ese contexto lo recluta y traslada posteriormente a Wiecha.


Izaguirre, al que Beck identifica en su libro Contendientes Secretos como Armando era el hombre ideal para apoyar la acción, pues conocía bien al hotel y en particular el área del penthouse, que en tiempos recientes había sido ocupada de manera permanente como lugar de residencia por su tío abuelo.


Para la instalación de los micrófonos y los transmisores necesarios, vinieron dos especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA: 

[...] se encontraban alojados en el hotel, se me presentaron como Claude y Ralph, el primero como de unos 35 años, 6 pies, pronunciadas entradas en el pelo (castaño) sin bigote [...] después de una inspección previa del lugar instalaron dos micrófonos con dos transmisores en el techo de celotex del despacho del segundo piso del penthouse, según se me dijo en sistema binaural, o sea de frecuencias distintas los transmisores, pero en la misma habitación....


Para ejecutar la instalación, una secretaria de la estación local de la CIA bajo el pretexto de organizar una fiesta de la embajada, alquiló por un día una de las suites cercana a los elevadores del hotel. Los locales de esa habitación serían utilizados como puesto de mando, mientras los dos técnicos, auxiliados por Izaguirre ejecutaban la instalación de los micrófonos que concluyó pasada la medianoche. Después se unirían a Beck para trasladarse de manera inmediata al apartamento del espía cubano ubicado en el edificio colindante, desde donde se efectuaría el monitoreo de los micrófonos.


Al final la operación fue un fracaso, pues aunque los micrófonos fueron instalados y su funcionamiento comprobado. La embajada de la URSS nunca fue ubicada en el Hotel Rosita. 


Paradójicamente en el mes de agosto del propio año 1960 el primer embajador soviético en Cuba después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas establecería su residencia a escasos metros de la casa donde vivió su último mes en Cuba Melvin Beck, en el Country Club  ubicada en 19-A No 15016, y propiedad de Kenneth M Crosby, empresario estadounidense que había abandonado el país y entregado la casa en custodia al jefe de la estación local que la utilizó para alojar oficiales CIA en tránsito. [...]


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