La posición asumida por la administración Kennedy después de Girón
Google Bookmarks Facebook Twitter
Autor : Jacinto Valdés-Dapena Vivanco
Publicado : 13/02/2014

 John Fitzgerald Kennedy, el más joven presidente electo de los Estados Unidos y primer católico que llegó a ocupar la más elevada responsabilidad al frente de esta nación, era el más destacado representante del pensamiento liberal norteamericano de la posguerra que abogaba por un proceso de renovación del capitalismo en el país y la formulación de nuevas estrategias de política exterior encaminadas a promover el liderazgo mundial de los Estados Unidos, contener para luego erosionar el socialismo, e impedir y prevenir las revoluciones en el Tercer Mundo.

 

Durante la campaña electoral de 1960 Kennedy se había expresado en términos agresivos en relación con Cuba, insistía en la necesidad de incorporar a la Organización de Estados Americanos (OEA) en el enfrentamiento a la Revolución, la legitimidad de la Doctrina Monroe  para justificar cualquier acción contra ésta y defendía la ayuda a las organizaciones contrarrevolucionarias no batistianas.

 

Después de Playa Girón se vio ante el dilema esencial que caracterizaría hasta nuestros días las relaciones cubano-norteamericanas: qué política diseñar, qué estrategia seguir. 


Pudo escoger entre dos variantes. La primera se correspondía con un análisis objetivo y pragmático, a la vez que racional, que le permitiera valorar el verdadero carácter, esencia y proyecciones de la Revolución Cubana en tanto proceso político y autóctono, no derivado de la Guerra Fría. De este modo, habría que examinar vías, formas y métodos con el propósito de establecer una comunicación y un diálogo con Cuba. La otra variante consistía en insistir en la destrucción de la Revolución con todos los recursos posibles. Kennedy no vaciló y optó por la violencia contrarrevolucionaria.

 

Es importante identificar, en sus rasgos generales, los enfoques que originan esta decisión, y que se manifiestan en los siguientes aspectos:

 

-          Cuba era examinada desde la perspectiva de la seguridad nacional de los Estados Unidos y constituía una amenaza para esa nación. El 20 de abril de 1961 John F. Kennedy declaraba: «[…] si alguna vez pudiera parecer que la doctrina inter-americana y de no intervención encierran o sencillamente ocultan una política de no acción --si las naciones de este hemisferio fracasan en cumplir sus compromisos contra la penetración comunista del exterior-- deseo que se comprenda con claridad que este gobierno no vacilará en cumplir sus obligaciones primarias, que se corresponden con la seguridad de su propia nación».

 

-          A los Estados Unidos correspondía asumir la dirección en el enfrentamiento a los procesos revolucionarios en la América Latina, influidos por la victoria de la Revolución Cubana.  


Así en la edición del 20 de abril de 1961 el diario New York Times da a conocer las siguientes declaraciones de Kennedy: «[…] el mensaje de Cuba, de Laos, de América Latina, esos mensajes son los mismos. Las sociedades complacientes, indulgentes consigo mismo, y débiles, están a punto de ser arrastradas junto a los escombros de la historia. Sólo los fuertes, los laboriosos, sólo los audaces, sólo los visionarios, los que determinan la verdadera naturaleza de nuestra lucha, pueden posiblemente sobrevivir. Estoy comprometido con la supervivencia y éxito de nuestro sistema, no obstante el costo, no obstante el peligro».

 

-          El interés nacional de los Estados Unidos (uno de los componentes esenciales de su seguridad nacional) requería subordinar la actividad de la contrarrevolución a los lineamientos de la política de Washington contra la isla.

 

Según testimonios ofrecidos por José Miró Cardona, principal dirigente del Consejo Revolucionario Cubano (bloque de organizaciones contrarrevolucionarias fomentadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el período anterior a Playa Girón) el 4 de mayo de 1961 Kennedy se reunió con él.

 

Miró Cardona afirmó que la reunión era «para proyectar el futuro inmediato de Cuba». En la descripción de este encuentro relata lo siguiente:

 

Su ofrecimiento (del Presidente Kennedy) de cooperación fueron definitivos, y su respaldo fue total y absoluto […] se hizo posible el apoyo a las fuerzas clandestinas en Cuba y se estableció el primer programa de reclutamiento de voluntarios cubanos en diferentes unidades militares de los Estados Unidos para el período de entrenamiento de muy corta duración, posteriormente habrían de ser agrupados con sus propios oficiales en un solo cuerpo de ejército en un período de tiempo cuando nosotros decidiéramos que fuera oportuno.

 

La Revolución Cubana significó la pérdida de aproximadamente mil millones de dólares invertidos por el capital norteamericano en la isla. Estos inversionistas ejercían, a través de sus grupos de acción política en el Congreso de los Estados Unidos fuertes presiones sobre el gobierno de Kennedy para que organizara planes de desestabilización contra el gobierno cubano encaminados a destruir la revolución. En estas presiones participaron activamente los principales medios de propaganda de los Estados Unidos, así como la emigración contrarrevolucionaria radicada en ese país, controlada por la burguesía que se había marchado de Cuba e invertido importantes capitales en el estado de la Florida y cuya ideología se sustentaba en el neo-anexionismo y el anticomunismo.

 

En alianza con los batistianos y grupos terroristas amparados por la CIA, la burguesía cubana en los Estados Unidos habría de auspiciar en los años ochenta la formación de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), estimulados y alentados por el presidente Reagan.

 

En su estrategia contra el socialismo y en especial los movimientos de liberación nacional, Kennedy atribuía suma importancia a la actividad de operaciones especiales. No por mera causalidad priorizó al máximo las operaciones de las boinas verdes, creó los Cuerpos de Paz, perfeccionó el asesoramiento a los cuerpos de policía en América Latina y auspició operaciones de diversión político-ideológica.

 

En un encuentro realizado con especialistas de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos, John F. Kennedy expuso su pensamiento en torno a las acciones subversivas. Expresó que:

 

 

[…] en la medida en que los medios militares se tornan más mortíferos, que una creciente cantidad de países tienen acceso a ellos, la guerra de subversión, la guerra de guerrilla y otras formas de lucha adquieren mayor significación. En la medida en que las armas termonucleares sean más poderosas, y existan menos posibilidades para su empleo, las operaciones subversivas desempeñan un papel cada vez más relevante.

 

 


El principio de la [doctrina de la] respuesta flexible anunciado por Kennedy como núcleo de su proyecto de política exterior comprendía:

 

-          La conjugación de medidas económicas, sociales y políticas expresadas en programas reformistas;

 

-          La formulación de una diplomacia activa y reactiva;

 

-          El desarrollo de operaciones de diversión político-ideológica;

 

-          El desencadenamiento de guerras locales para contrarrestar la actividad de los movimientos revolucionarios. Quedaba expuesta así lo que posteriormente sería conocido como conflicto de baja intensidad, cuyo primer ensayo se realizó contra Cuba en la etapa posterior a Girón, y que estaría presente en la política de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe hasta los años noventa.

 

Fragmento tomado de La CIA contra Cuba

Subtemas más Visitados
El fenómeno migratorio en Cuba depende de condiciones históricas,...
Entre el 2 de diciembre de 1958 y el 29 de mayo de 1961, en menos de dos años y medio,...
En enero de 1959 se organizó una fuerte campaña mediática contra Cuba a...
El terror no distingue sexos, pero cuando una mujer se convierte en víctima, el dolor es...
Todo nuestro pueblo, lleno de indignación, ha conocido el plan para atentar contra la...
Enviar un comentario
Nombre
Email
Sitio web
Comentario
Message
Enviar